Las cosas que damos por sentado

Muchas veces damos por sentado las cosas más importantes. Es cierto que siempre hay problemas, dificultades, inconvenientes, y a veces necesitamos desahogarnos con alguna queja para poder desfogar. Pero si nos paramos a pensar, ¿de que nos quejamos realmente? Nos agobiamos rápidamente pensando en las obligaciones que tenemos que hacer, en lo que pensarán los demás de nosotros, en los problemas en el trabajo, en que si no tenemos pareja, o si la tenemos, en la última pelea que hemos tenido…etc.

Evidentemente hay problemas mucho más graves que otros, pero creo que muchos de nosotros tenemos el privilegio de no tener que preocuparnos por cosas esenciales.

Hace poco vi una serie llamada «Radiante», que os recomiendo, en la que una anciana planteaba una cuestión a una audiencia en internet, de un programa en directo que hacía su nieto, y preguntaba si alguno de ellos querría cambiar su vida por la de ella. Ella contaba que ser una anciana estaba muy bien, nadie te obligaba a estudiar o a trabajar, a madrugar o a acostarte temprano, podías estar todo el día sin hacer nada y a todo el mundo le parecía bien, no tenías que preocuparte por si tenías o no trabajo o pareja. Continuaba enumerando las dificultades que afrontaba la gente joven como esa audiencia, o la gente de mediana edad también, como la preocupación por el desempleo, el mal de amores, la calidad de vida..etc. Sin embargo al final decía: a pesar de mis ventajas y de vuestras dificultades, estoy segura de que casi ninguno de vosotros querríais cambiaros por mí, porque instintivamente sabéis que es una decisión en la que saldríais perdiendo. La gente joven da muchas cosas por sentadas, cosas que la gente como yo, que ha visto su vida pasar, valora más que nada en el mundo: la juventud, el tiempo, y todo lo que eso conlleva.

Lo que conlleva la juventud no es poca cosa, de hecho lo es casi todo para algunos. La juventud conlleva la valentía de no ser conscientes del paso del tiempo, las nuevas oportunidades que tenemos todo los días, la energía de afrontar los vaivenes de la vida, por qué? Porque la juventud lleva inherente la esperanza de un futuro, incluso para la gente que cree no tenerla. Conlleva saber que hay tiempo… pero ese tiempo va pasando y dar las cosas por sentado hace que no lo valoremos en absoluto.

Que pena sería llegar a la edad de aquella anciana y pensar que no hemos aprovechado el tiempo ni la juventud, porque ambas cosas la dábamos por sentadas, y haber malgastado la vida en quejas, y en cosas que no merecían la pena.

Por eso quizás deberíamos pararnos un momento a pensar en cómo nos gustaría invertir esa juventud y ese tiempo, para no tener remordimientos cuando hayan pasado.

Mai García