¡Jorge, en ti vemos a Dios!

    Quisiera empezar explicando como nos despedimos de ti aquí en la tierra para poder entender la grandeza de tu vida.

    ¡Tu bandera, tu alegría!

    Tu ejército de amigos te despedimos de este mundo guitarra en mano haciendo honor a la vida, a la Luz, que has regalado a nuestros corazones y a nuestras almas con tu ejemplo de vida.

    ¡Te has ido para quedarte!

    ¡Para ti y por ti capitán!

    ¿Morir? De eso nada, ayer vi, presencié y note más vida que nunca.
    Lo vivido fue un dolor humano pero una inmensa alegría espiritual sin precedentes.
    Eso es, ¡alegría capitán!, de estar en nuestras vidas, de enseñarnos a vivir, y qué lección tu partida al Cielo, mostrándonos a Jesús con tu ejemplo contra corriente.

    Tu vida fue una fiesta de Amor, tu entrada al Cielo no podia ser menos, una gran ceremonia y por eso entonamos orgullosos y desbordados de cariño y Amor: “Fuerza y corazón, así es George”

    ¿Dolor? Tu mejor medicación, la oración. ¿Sufrimiento? Tus mensajes de amor incondicional: “ofrezco este sufrimiento por todas y cada una de vuestras intenciones”.

    Hace poco nos decías: “¡cómo mola ser cristiano!” Qué maravillosa locura entender a corazón abierto estas palabras. Ser cristiano es eso, tener un corazón limpio y enamorado con un objetivo claro: EL CIELO.

    Con esa visión no hay nada ni nadie que borre una sonrisa. Hasta el dolor puede ser motivo de lucha positiva, de ejemplo.

    Tus soldados nos quedamos aquí siguiendo tus pasos capitán. No te vamos a fallar.

    Se que no te gusta ser centro de nada pero sin quererlo has sido, eres y serás la referencia de todo.

    Gracias por enamorarnos de Dios a través de tu ejemplo y felicidad, pero sobretodo de tu humildad.

    Haz que esta familia enamorada de Dios crezca. Siguiendo tus enseñanzas y las de Jesús, no permitiremos que ninguno se pierda.
    ¡Todos por todos!

    Gio, George, capitán ¡te queremos!

    ¡Hasta pronto!

    Tus smile soldiers

    Javi Pacheco Doria

    Publicado en el blog En voz alta de Javi Pacheco