Homilía de la Misa funeral por Jorge Ribera

El sacerdote D. Juan Ramón Domínguez Palacios ha compartido, en su muro de facebook, la homilía que D. Jorge Molinero, párroco de San Josemaría, pronunció en el funeral de Jorge Ribera:

Pax in aeternum! Descansa en Paz, Jorge. Yo te deseo La Paz y tú me responderás ya glorioso: in Aeternum, para siempre, para siempre, para siempre, para siempre.
Pocas veces me ha tocado predicar un funeral con tanta alegría, con tanto dolor sereno y tanta emoción. Si me interrumpo y no sé leer alguna de las notas que aquí tengo, les dais un aplauso al Señor y a Jorge y seguimos.

Alegría porque recordaba estas semanas pasadas aquellas palabras de San Pablo: “yo estoy a punto de derramar mi sangre en sacrificio, y el momento de mi partida es inminente. He peleado el noble combate, he alcanzado la meta, he guardado la fe. Por lo demás,me está reservada la merecida corona que el Señor, el Justo Juez, me entregará aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que han deseado con amor su venida.” (II Timoteo, 4, 7).
Yo no soy Dios para decir quien está en el Cielo, también porque es Caridad que recemos por los que se nos van y debemos seguir haciéndolo. Aquí, tendremos una facilidad enorme para hacerlo porque sus restos mortales reposarán en el Columbario de esta parroquia y podremos visitarle cuando quiera cada uno para rezar por él y para acudir a su intercesión, como hacemos con todos los que se van: están más cerca De Dios y nos quieren.

Os decía que por Caridad hemos de rezar por los difuntos, pero también os digo que no he visto muchos cristianos que se hayan dejado purificar y preparar para alcanzar la Corona de gloria como Jorge Ribera Sempere, en plena juventud. Todos los cristianos tenemos una misión que cumplir en la tierra; en su caso, por ser miembro agregado del Opus Dei se había comprometido con Dios a buscarle y a darlo a los demás y me resulta lógico que su Padre Dios, que es fiel y nunca defrauda, le haya acogido y abrazado nada más dejar su alma este mundo. Sí, Jordi; somos muchos los testigos de que has peleado el noble combate, has alcanzado la meta, has guardado la fe. Por lo demás, sólo te esperaba recibir la merecida corona que te tenía reservada tu Padre Dios.

En julio del año pasado nos fuimos a comer porque yo quería asegurarme si él era consciente de la situación; se podía pensar que iba a ser una comida dura, difícil. Disfrutamos una barbaridad: confirmé que amaba esta vida, pero él sabía ya y desde tiempo atrás que le esperaba el cielo. Le daba pena por sus padres y hermanos y todos los suyos, y su muchedumbre de amigos a los que quería uno a uno. Le consolaba que les iba a ayudar más. Y era consciente también del bien que el Señor había hecho a muchos a través de su enfermedad: he sido muy feliz, no me cambiaría por nadie en el mundo, me lo repitió un par de veces.

Ha sido un campeón de la amistad, un hombre que ha sabido querer uno a uno, y de eso y su perpetua sonrisa el Señor se ha servido de manera que no se puede calcular. Ayudó a que rezaran muchos que no habían rezado jamás. Algunos, que se sepa, se han vuelto al Señor y están acercándose a la Iglesia y a los sacramentos. Muchos niños que tenían cuatro años han crecido y han llegado a la adolescencia rezando por Jorge. Sois protagonistas y testigos sus hermanos y amigos del Club Dardo; sus amigos y parientes de Bañeres, los compañeros de promoción del Colegio El VEDAT, amigos de Barcelona, Alicante y Madrid, de la Facultad de Medicina y de la de Magisterio, sus queridos moteros…me dejaré algún grupo…todos los que le habéis conocido y seguido en las redes. Su familia está convencida de haber visto muchos milagros. Yo también.

Cuando Jesús agonizaba aquella noche en el monte de Getsemaní, pedía que el Padre le librara de aquel cáliz: de su pasión, como lo hemos hecho nosotros durante más de nueve años rezando por Jorge. Y añadía Jesús: pero no se haga mi voluntad, sino la tuya, como lo hacía Jorge. Y afirma el Espíritu Santo en la carta a los Hebreos: Él, JESÚS, “en los días de su vida en la tierra, ofreció con gran clamor de lágrimas oraciones y súplicas al que podía salvarle de la muerte, y fue escuchado por su piedad filial. En ese Getsemaní hemos visto a Jorge en muchos momentos de estos casi diez años. En esa lucha de Getsemaní, el Señor ajustó su voluntad a la de Dios, y “así -añade la Escritura refiriéndose a Jesús – se ha hecho causa de salvación eterna para todos los que le obedecen”.

La victoria de Jesús y la de Jorge y la de todos nosotros es haber pedido para que no se haga exactamente nuestra voluntad, sino que la voluntad humana se ajuste a la de Dios: que se haga tu voluntad porque Tú, Padre, sabes más. Y así, por un camino distinto, Él llena de frutos corredentores la vida de sus siervos: nueve años que hemos disfrutado
el regalo de tenerle entre nosotros, eso ha sido un milagro; con una enorme eficacia sobrenatural que conoceremos en el Cielo. Ese ha sido otro milagro que el Señor nos ha concedido, mientras Jorge, que tenía defectos como todos nosotros, se iba preparando por dentro para recibir el premio. Ese ha sido otro milagro de la Gracia. Eso, a parte de muchos milagros diarios. Gracia a Dios, gracias al Beato Álvaro del Portillo, gracias a todos vosotros y a mucha más gente.

¿Sabéis una cosa? Cuando apretabais rezando, él notaba y su familia también que
aflojaban los dolores: tomad nota, hermanos míos. Porque no os estoy haciendo el panegírico de Jorge: os estoy hablando del Cielo, de fortaleza, de Alegría en el dolor, de seguir a Jesucristo.

Es el Dies natalis de Jorge: el nacimiento de Jordi a la vida eterna. Si amaba esta vida como la amaba, no sé ni imaginar cómo disfrutará con Dios, con la Virgen, con los Santos, con parientes y amigos que ya están radiantes por la luz, la Belleza, y el Amor y la alegría de Dios que los envuelve, los llena, los embarga: no borrachos, pero sí con el “puntito”. También con San Josemaría y el Beato Álvaro, a los que tanto veneraba y quería. Aquellas palabras que escribió san Josemaría las estás saboreando ya: “Un gran amor te espera en el cielo: sin traiciones, sin engaños.¡todo el amor, toda la belleza, toda la grandeza, toda la ciencia…! Y sin empalago: te saciará sin saciar”.

Lo que podríamos decir que fue su testamento para sus padres y hermanos, querría hacerlo extensivo a todos nosotros, parientes y amigos suyos. Os dijo, Trini, tres cosas: os dijo muchas más, porque vuestras conversaciones recuerdan las de San Agustin y su madre, hablando con realismo y paz del más allá; ejemplo: Un día está su madre cogida de su mano y le dice Jorge: “Mamá, me cuesta decirte esto, pero si finalmente no me curo, quiero decirte que os quiero mucho, que tenemos la mejor familia del mundo, sé que no será fácil, pero no perdáis nunca la alegría y que no os separéis nunca de Dios, quiero que nos juntemos de nuevo en el cielo. Yo, mientras, estaré con Cristóbal y mis otros hermanos (Pablo y Miguel se llaman).

Y Añade: “ He vivido intensamente y he sido muy feliz, no cambiaría nada”, y hablamos -sigue diciendo su madre- un rato aún: decíamos los dos que, aunque han sido años difíciles, sin la enfermedad no los hubiéramos vivido con esta intensidad. “Mamá, sé que Dios existe porque estoy muy tranquilo, no tengo miedo” Es un momento muy intenso, yo como madre le miro y le doy gracias a Dios por este hijo, y le digo a él: “gracias por ser como eres, somos mejores gracias a ti y a la enfermedad.”

Pero Jorge os decía en resumen tres cosas, como un testamento, que valen para todos nosotros también:

1. que estéis alegres. (Hoy, Jordi, no te vamos a poder hacer caso del todo).
2. Que no os alejéis de Dios.
3. Que os espero en el Cielo.

¡Terminó ya! ¡Cómo te habrá sonreído la Virgen en vuestro primer encuentro cara a cara; y cómo le habrás sonreído tú con tu sonrisa imborrable! En tus manos, Virgen Milagrosa de su Bañeres de la infancia; en tus manos, Virgen de los Desamparados, en tus manos Virgen de Torreciudad, a la que tanto querías porte con ella tuvistealgunos lances, dejamos a nuestro hermano Jorge Ribera Sempere.

Descanse en tu regazo en paz y para siempre. Pax in aeternum, Jordi,
pax in aeternum! Empiezas ahora la vida de verdad, de verdad.

En la Parroquia de San Josemaría, en Valencia, 1 de marzo de 2020