No soy digno pero Te necesito

“Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra Tuya bastará para sanarme”. Esta oración siempre ha estado relacionada con la fe, y es verdad. Pero creo que se le puede sacar más jugo.  Un día meditando está frase, pensé: qué necesitados estamos de esta palabra de Jesús. Necesitamos esa palabra de ánimo por Su parte. De empuje. De consolación. De cariño. De alegría. De perdón. De agradecimiento. De comprensión. De confianza.

Decimos la frase, bastantes veces, de carrerilla. Es sencilla pero detrás hay mucho que encerrado: Primero, estamos reconociendo que estamos enfermos. Sí. Enfermos por el pecado. Reconociéndolo estamos siendo humildes. Segundo, al recitarla, Le reconocemos como el único que nos puede salvar del pecado.  También, estamos admitiendo que nosotros no nos podemos sanar. Necesitamos que Él sea quien nos sane y, al hacerlo nos estamos fiando.  Por último, estamos pidiendo a Jesús que entre en nuestras vidas. Porque, por curioso que parezca, Él, aún sabiéndolo todo, quiere y necesita entrar en nuestras vidas, para llenarlas de sentido. Y también para curarnos, para quitar esos aspectos que no nos ayudan con la santidad.

Pero,  ¿cómo estar atentos a esa palabra? ¿Cómo saber cuando nos va a hablar el Señor? ¿Recibiremos una gracia tumbativa como San Pablo y veremos clarísimamente lo que el Señor quiere de mí? Seguramente no, aunque si alguno la recibe, bendito sea Dios. A la inmensa mayoría nos va a tocar hacer las tareas cotidianas de cada día. Y sí, ahí podemos santificarnos. Citando a la madre Teresa de Calcuta: “ no podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas hechas con amor”.

En este tiempo de Cuaresma, el Evangelio es un muy buen sitio donde encontrar estas palabras de ánimo, comprensión, de consuelo. Otra buena manera que recomendaría es pasar ratos de oración en la Iglesia, en la capilla… en un sitio que esté el Señor presencialmente, o si no, un lugar que te ayude a pensar en Él.

Ten fe en que Él responderá, te dará esa palabra que necesitas. Siempre lo hace, solo que no a nuestros tiempos, sino de la manera que Él cree mejor. Tal vez sea un pensamiento, o puede ser que sea a través de un amigo. Sea como fuere, Él actúa.  Para eso necesitamos la paciencia, para saber esperar confiados. Mientras tanto, agárrate fuerte de la mano de nuestra Madre María y pídele que Ella te vaya preparando el camino para recibir todas las gracias que Su hijo te quiera dar.

Pablo Navarro