¿El fin justifica los medios?

Entras a una tienda y está ese pantalón espectacular, el que siempre habías querido, ahí esperándote para que te lo lleves. Te lo pruebas con toda la ilusión y descubres que es demasiado corto. No todo está perdido, te calmas y pides a la vendedora si te lo puede arreglar el sastre de la tienda, pero ella tiene una “mejor” idea. Te explica que el sastre está indispuesto pero que en un instante llama al cirujano y que éste te cortará las piernas de acuerdo al largo del pantalón y de esta forma puedes llevártelo y ser feliz. ¡Locura total! ¿No es así? Este ejemplo te puede parecer exagerado e insensato pues el mundo real no es barro que podemos esculpir a nuestro capricho pues el orden natural es único y verdadero. El hombre tiene libre albedrío que ejerce de acuerdo a su inteligencia y voluntad. Si su inteligencia está distorsionada, es decir, que no logra entender bien la realidad entonces su voluntad escogerá moverse al atropello de la dignidad humana.

¿A qué me refiero con lo anterior?

Un acto bondadoso nunca tendrá consecuencias negativas para tus semejantes. Ejemplos de esto hay muchos: Si quieres amor no vas a destruir a una familia; para obtener reconocimiento profesional no tienes que cometer fraudes ni engaños; si quieres vivir plenamente tu vida sexual no puedes cometer homicidio (aborto) o violaciones y así un sinfín de circunstancias en donde el fin es bueno pero los actos que se utilizan para alcanzarlo desvirtúan el acto en sí mismo. No se puede separar el fin de los medios pues es alejado de cómo actúa el ser humano en la realidad.

La sociedad actual tergiversa y moldea la realidad a beneficio de la conveniencia individual sobre lo que realmente es la dignidad humana. Se convierte un apoyo manipulado al egoísmo que es conveniente a la comodidad inmediata. Esto deja a la sociedad en un estado de inmadurez emocional y afectiva que es permisiva e indiferente a los valores intrínsecos del ser humano. El valor máximo es la vida que tenemos y por ende los valores que derivan de ella misma y jamás se debe permitir la selección de éstos a sólo unos cuantos.

Si la inteligencia y voluntad son perversos, seguramente los medios que se utilizarán serán malos e injustos, pero se pueden disfrazar de buenos para llevarse a cabo. Lo contrario a que si la inteligencia y voluntad son rectos, seguramente los medios lo serán pero tal vez no tengan tanta popularidad pues muchas veces lo que es bueno al ser humano requiere de esfuerzo y sacrificio. La paz no se alcanza con violencia, sino con heroísmo y valentía; la humildad se alcanza dejando a un lado la soberbia y el egoísmo y así podemos seguir.

El ser humano, al contar con inteligencia y voluntad, es apto para poder determinar el porvenir de nuestra sociedad. En consecuencia, el ser humano tiene una gran responsabilidad sobre sí mismo de educarse mejor profesional y moralmente, ya que no sólo es la inteligencia metódica, de igual forma, cuenta con inteligencia emocional. Ésta última es el motor de nuestra voluntad por lo que disciplinarnos es esencial.

Karla César Vargas