Atrévete a pedir cosas grandes, incluso imposibles

Pedir cosas grandes: el cielo, la contrición, nuestra conversión… Y al ángel de la guarda, ¿le hemos pedido favores importantes? Quizá le tenemos infravalorado en sus posibilidades y casi como a un chico de hacer recados.

Y… TAMBIÉN DAR CON GENEROSIDAD. MAGNIFICENCIA

«El magnífico, a pesar de situarse en un extremo –en el sentido de que realiza la obra más grande posible–, tiende a ese objeto de forma moderada y según un orden justo, buscando un fin que justifica la realización de esa gran obra. Por tanto, a pesar de que la magnificencia implique cierto exceso, no quiere esto decir que sobrepase el límite fijado por la recta razón. Los gastos que realiza el magnífico poseen una grandeza que guarda al mismo tiempo el debido orden, porque responden a la condición y a las circunstancias de la persona que los lleva a cabo, y son proporcionales al fin por el cual se hacen». Tomás de Aquino insiste en relacionar esta virtud con la virtud de la fortaleza, apoyado en el hecho de que quien emprende obras grandes requiere valentía y audacia. Ante lo que vale la pena, el alma con amplitud de miras aporta de lo propio sin reservas: dinero, esfuerzo, tiempo. Sabe y entiende bien las palabras del Señor: el que da mucho, más recibirá.

Se opone a esta virtud la falsa grandeza, que ambiciona con sus obras honores y alabanzas, el gusto por la adulación, la jactancia. Dedicarse generosamente y con sacrificio a una labor, quizá poco común en ese ambiente, y mendigar parabienes, es vanagloria, signo evidente de que en aquella obra noble se han introducido la vanidad y el egoísmo.

También santo Tomás incluye como materia propia de esta virtud los bienes destinados al culto, como pueden ser los vasos sagrados o custodias, que, por la trascendencia de los actos que con ellos se realizan, exigen materiales nobles y dignos. Los buenos cristianos se han desprendido muchas veces de aquello que consideraban de mayor valor, para honrar a la Virgen y a Jesús en la Eucaristía.

Magnificencia hace referencia al que tiene el alma grande para dar, para donar grandes bienes a favor de los «tiempos y de los demás», obras en beneficio de la sociedad. Ser rico es un gran bien si la riqueza se emplea en cubrir las necesidades de otros. La magnanimidad es la virtud de las cosas grandes a favor de los demás.

De modo especial están llamados a ser magnánimos o «magníficos» los ricos que adquieren sus bienes de forma lícita, «hacer el bien con los bienes». Por el contrario, los vicios opuestos a esta virtud son la avaricia, la vulgaridad y la mezquindad.

Publicado por el P. Rafael Sanz Carrera en Tan_gente