Cuaresma

Hoy es tiempo de salvación. Ha empezado una nueva Cuaresma, un nuevo tiempo de conversión de perdón, de misericordia y de búsqueda por aquel que resucitará para darnos vida.

Empezamos a caminar en un tiempo de gracia, muchas veces hemos oído palabras como la penitencia, el ayuno, la abstinencia, prácticas que en muchas ocasiones se hacen por tradición o en forma de ritual sin un sentido profundo.

¿Dónde están nuestras heridas? ¿Cómo está mi vida a día hoy? Estos días estas semanas pregúntate muchas veces cuál debe ser mi limosna, mi ayuno, mi penitencia, no basta con quitarte el móvil por un tiempo o dejar de comer aquello que más te gusta, no dejemos que la mundanidad y la mediocridad recorra nuestra vida, sino dedicar de verdad tiempo para los demás, entregar mi vida durante esta cuaresma por aquellos cuyos corazones han rozado el sufrimiento, el dolor amargo de la cruz, la soledad como esa enfermedad que hace protagonista a este mundo.

Estas semanas busca el sentido de tu vida, abraza la cruz, dedica un tiempo importante a la oración cada día, confiésate con frecuencia, siente la reconciliación con el Señor y con los demás.

Seamos esas personas del Sábado Santo, esa Marta de Betania, Lázaro y María también, supieron esperar, buscaron el rostro del resucitado. Que nuestra vida estos días no sea figurar, aparentar, sino amar de verdad al Señor, profundizar en el Evangelio, y cuando finalice este tiempo podamos decir que el Señor ha pasado por nuestro corazón, ha cambiado nuestra vida, ha madurado nuestra fe y nos hemos encontrado con Jesús a su modo, por la causa de los últimos, con la sencillez y la humildad de los buscadores de Dios, de los soñadores arrepentidos, de los seguidores apasionados por Jesucristo.

Que nuestra tierra sea el corazón de los demás, como dice el Papa Francisco “No hay territorio más hermoso para ganar que la paz recuperada con un hermano”.

Reconozcamos en los demás el rostro de Cristo, cambiemos nuestra vida y abramos la puerta de nuestro corazón a los necesitados. Cada vida que encontremos merece ser acogida.

Alberto Diago Santos