Encontré mi vocación por Twitter

    El 25 de enero firmé el postulantado, etapa de discernimiento previa al noviciado en la que se trata de cuidar especialmente la oración y la formación. Ha sido para mí un regalo de Dios y un signo de Su fidelidad.

    Tengo 25 años, en junio terminé la carrera de Periodismo y presenté mi TFG, y vengo de la ciudad madrileña de Móstoles. Pues bien, conocí el Instituto Religioso Esclavos de María y de los Pobres a través de la red social Twitter por medio del Padre Fernando (@padrefer_edmp), Maestro de Novicios, que me invitó a conocer el carisma haciendo una experiencia vocacional en Alcuéscar. Al año de esa invitación, acudí unos tres días del verano de 2015, en los que tuve la sensación de que tenía que volver otra vez, aunque no quería entrar en el noviciado.

    En ese tiempo también fui escuchando al Padre Fernando Alcázar en el programa de Radio María “La noche es joven”, en el que oí con mucho agrado y curiosidad el testimonio de algunos hermanos Esclavos. A su vez, iba siguiendo las novedades del Noviciado de Alcuéscar por medio de Twitter, cosa que me ayudó a conservar la nostalgia.

    He nacido en una familia cristiana que desde pequeño me ha enseñado a amar a Dios y a la Iglesia. También me he criado en una parroquia, San Juan de Ávila (Móstoles), en la que he crecido como cristiano, he experimentado lo que es la Iglesia y el don de vivir la fe en comunidad, perteneciendo desde adolescente a lo que es ahora el grupo de jóvenes. Allí he sido monaguillo y posteriormente del coro, donde aprendí a tocar la guitarra y la batería. Otro punto clave para mi maduración de la fe ha sido el pertenecer en el grupo de jóvenes a una Congregación Mariana, donde di mi sí a la Virgen –“a Jesús por María” como enseña San Luis María Grignion de Monfort-; y colaborar en los apostolados de niños y juveniles, donde aprendí a realizar una entrega constante y generosa.

    Y fue en los Ejercicios Espirituales (organizado para los jóvenes de San Juan de Ávila) donde descubrí en la oración que Dios había tenido una gran misericordia conmigo, y que ese amor pedía una entrega mayor. Más tarde, celebrando la Semana Santa, en los Oficios parroquiales, experimenté que el Señor se había puesto a mis pies y que me invitaba a imitar Su entrega misericordiosa. Esto me llevó a volver el pasado verano a Alcuéscar, donde, en medio de una semana de experiencia, en una inesperada peregrinación a Fátima la Virgen me cautivó. Así que me decidí a empezar el aspirantado a principio de curso, tiempo en el que ha sido importantes los tiempos de oración, la vida de comunidad y el apostolado con los residentes de la Casa de la Misericordia.

    Por Miguel Jiménez.
    Postulante Edmp