El diario la Vanguardia publica un artículo en el que leemos con tristeza que España ocupa el tercer puesto en número divorcios y el cuarto en el de bodas de la Unión Europea.

Los datos son espeluznantes, con un ratio de 3,5 bodas por cada 1.000 individuos, y el tercero con más divorcios, el 57,2 % de los enlaces, según datos publicados por la oficina de estadística comunitaria, Eurostat.

El fracaso de tantos matrimonios es una mala noticia y nos tiene que llevar a una reflexión profunda. Cuando apartamos a Dios de nuestras vidas y se cede ese lugar al «yo», al dios placer o al dios dinero, el ser humano es menos feliz y fracasa en lo más importante que es la familia. Como consecuencia, las parejas prefieren no comprometerse en una relación para toda la vida, apuestan por la provisionalidad, eluden el compromiso y por eso no se casan.

 

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