Reflexión sobre las relaciones de pareja

No acostumbro a ver la televisión, pero el otro día mi compañero de piso tenía puesto un programa que, seguro, a muchos os suena…  ‘La isla de las tentaciones’.

Para quienes no lo conozcan, consiste en un reality show donde 5 parejas acceden a separarse durante un tiempo y convivir con solteros del sexo opuesto que intentan conquistarles… Por lo que pude apreciar, el resultado es que al final, la mayoría acaban siendo infieles a sus parejas.

Es evidente que en este tipo de programas hay poco de ‘reality’. Pero es bastante preocupante cómo este tipo de formatos logran ser un éxito en audiencia. Y apostaría a que un gran porcentaje de sus seguidores son personas jóvenes.

Personas jóvenes con unos valores y una mentalidad en construcción, en una sociedad donde cada vez prima más lo inmediato, lo fácil, lo práctico… y se desechan esos valores en los que creemos tú y yo.

Es curioso que tengamos claro que la televisión es un medio de difusión que debemos regular de manera que los mensajes que se lanzan a la sociedad no vayan en perjuicio de la misma. Así, se prohibió por ejemplo el anuncio de cigarrillos, o fumar en los programas de televisión. Se utiliza la televisión para lanzar campañas de todo tipo: anti drogas, anti exclusión social, contra la violencia de género…  Está claro que la televisión es un forma útil de intentar que un determinado mensaje cale en la población.

En este programa se banalizan las relaciones de pareja, un tipo de relación cada vez más frágil en la sociedad de hoy en día.

Les contaré mi opinión al respecto.

Tengo 28 años. A los 19 entré en la Facultad de Medicina y a día de hoy soy médico. Durante mi estancia en los hospitales en los que he rotado, habré visto a cientos de pacientes ingresados. Al principio como estudiante, hoy como facultativo. Cientos de pacientes con una determinada enfermedad, algunas más leves, otras más severas, y por desgracia, muchas terminales.

Una de las cosas que desde que comencé mi práctica clínica y que hoy en día no deja de hacer que se me encoja el corazón cuando lo presencio, es ver cómo esos abuelitos, sí, esas personas anticuadas que en la sociedad juvenil y moderna de hoy en día parece que no tienen cabida, cuando ingresan en el hospital… independientemente de que la enfermedad sea leve o grave… tienen a su lado, de manera incondicional, a su pareja.

Yo los miro, y veo cómo esas personas, la mayoría de ellos casados cuando tenían menos de 20 años, y que llevan toda una vida juntos, siguen, a pesar de los años transcurridos, bromeando entre ellos. Durmiendo al lado de la cama de su pareja en un sillón de hospital incómodo para cualquier persona, y más para una espalda con una carga de 80 años. Más preocupados por la enfermedad y el bienestar de su cónyuge que el propio paciente que la padece…

Y yo me pregunto… ¿acaso en 50 años de matrimonio no habrán tenido problemas? ¿les habrá resultado fácil aguantar las manías del otro? ¿no han tenido que superar ningún obstáculo? ¿es que han vivido aislados y nunca les ha llamado la atención otra persona? ¿es que no se han aburrido de estar tantos años con la misma persona?

Y ahí va mi pregunta para ti: ¿qué es ser pareja?

Para mí, esas personas anticuadas tienen la respuesta.

Y es que esa persona a la que eliges para compartirlo todo, desde tus manías a tu intimidad espiritual y física, por supuesto que tendrá defectos. Por supuesto que te sacará de quicio en ocasiones. Corres el riesgo de acostumbrarte a ella, en el día a día, y por momentos puede ser que fluctúen tus sentimientos. Porque el amor se transforma con el paso de los años (pero ojo, siempre está ahí). Y por supuesto que tendréis problemas, tanto dentro como fuera de la pareja. Porque la vida no viene siempre fácil. Y, al igual que hay momentos maravillosos, habrá también baches.

Y por supuesto que estos abuelitos han pasado por todo ello. Y ahí siguen, juntos y felices.

Porque cuando Dios pone ante tus ojos a la persona con la que decides tener todas esas cosas… yo equiparo siempre ese lazo de unión al que puedas tener con tu hermano o con tus padres. Al fin y al cabo, esa persona y tú son el núcleo de una nueva familia.

Y puedes tener muchos problemas con tus padres…. Puedes pelearte con tu hermano y dejar de hablarte durante un tiempo… pero como familia… no podrías tener otros padres ni otro hermano, porque ese lazo es indestructible. Porque los problemas se superan. Los malos tiempos pasan y con amor y confianza, con paciencia y fe, no hay nada que temer, nunca.

Y es que cuando piensas que todo se te viene encima, y te invaden las dudas, en cualquier sentido… solo debes pararte, respirar, mirar en tu corazón, mirar a Dios, mirar a ese regalo del cielo que tienes a tu lado, y trabajar con él o ella para superar, como equipo, cualquier adversidad que se os pueda presentar, venga de donde venga.

Y quizás, en un tiempo donde lo que no funciona se abandona de inmediato, porque no estamos dispuestos a sacrificar un solo minuto por algo ‘que no funciona’, porque ya vendrá otro y porque un clavo saca a otro clavo… quizás debamos enseñar también a nuestros jóvenes que ese sentimiento inmediato, fácil e impulsivo es algo vacío, es falso y al final, solo te causará soledad y malestar… porque si en el momento que te aburres de alguien lo desechas, y en ese momento todo vale, nunca sentirás la felicidad y la seguridad de tener una persona al lado que te ame de manera incondicional, como un padre ama a su hijo, de manera que por mucho que puedan pelear, por mucho que se les venga la vida encima… siempre logren la forma de superarlo juntos… porque el amor, al final, está por encima de todo.

Y siguiendo la enseñanza de este tipo de programas, nunca aprenderás a valorar ese regalo que Dios, seguro, te pondrá algún día en el camino. Y te aseguro que la sensación de compartir todo con esa persona, y esa confianza en que, pase lo que pase, superarán todos los obstáculos de la vida juntos, es algo inigualable.

Y para terminar mi reflexión, quiero dedicar estas palabras al amor de mi vida, a mi alma gemela, a la persona que Dios puso en mi camino para querer y cuidar todos los días de mi vida y más allá: a ti, Pilar… ¡te quiero!

José M. Ramírez