Recuérdalo siempre… ¡Dios te ama tal y como eres!. Testimonio de Celia

    ¿Te has preguntado alguna vez si Dios realmente te quiere? ¿Te has sentido abandonado?

    Mi nombre es Celia Devís Calderón, tengo 23 años soy de Madrid y os voy a contar de forma resumida mi testimonio de vida y de fe.

    Cuando me preguntaron  si podía colaborar con jóvenes católicos escribiéndolo me quedé un poco bloqueada puesto que en mi vida no han pasado muchas cosas extraordinarias o trágicas como para ser ejemplo de nadie, pero ahí estaba mi error, en que como bien me dijeron, el hecho de tener fe y vivirla es algo extraordinario de por sí.

    Desde pequeñita me he criado en una familia católica, me han inculcado y he crecido con esos valores, pero sí es cierto, que el camino de la fe, a Dios, lo encontré yo sola conforme fui haciéndome más mayor.

    En mi adolescencia he tenido muy presente a Dios en muchos momentos, ya sea en retiros  con el colegio, grupos de fe, retiros de Effetá, Javieradas, voluntariados en Calcuta, Cuba, Madrid, etc.

    Son vivencias que realmente me han hecho toparme de frente con Él, pero también he tenido muchos otros momentos de alejarme, ya sea por unas cosas o por otras.

    El primero así mas fuerte fue cuando mi novio me dejo para meterse al seminario. ¡BOOM! Ese momento fue mi primera gran bofetada, evidentemente había tenido algún mal de amores antes pero nada que ver con esto. No me lo podía creer, teníamos una relación increíble, nunca había visto a dos personas tan enamoradas, tan echas el uno para el otro (eso me creía yo), todo iba genial, y yo pensaba que esto era lo típico  que escuchas en tu ambiente pero que a ti eso no te va a pasar, eso solo le pasa al resto. Pues bienvenida a la realidad Celia, son los planes de Dios, no los tuyos. Lo pasé realmente mal, fue muy duro, pensaba que me iba a morir de la pena, estuve muy deprimida, me retrasé mucho con la carrera, deje de hacer planes, me enfadé con todo el mundo…. Horrible, me costó mucho superarlo, pero está claro que, como dicen, Dios aprieta pero no ahoga y que el sufrimiento va ligado al amor de Dios y a Dios aunque en la práctica sea súper difícil comprenderlo, yo la primera, y sé que nunca estaré preparada para todas las cosas y cruces que voy a tener que aguantar en la vida, sólo confío en que nunca me va a dejar sola.

    He ido aprendiendo que realmente si Dios te quita algo es para darte otra cosa infinitamente mejor para ti, aunque en el momento no lo veas, pero es real, y que en la vida nos van a pasar mil cosas más buenas y malas y yo, por fin, algo he entendido y estoy feliz, confió en que Dios tiene preparado a alguien o algo mejor para mí y que son sus tiempos no los nuestros, que hay que descansar en Él , dejar de preocuparse por eso, dejarlo en sus manos y  ver lo realmente bueno e importante que tenemos alrededor.

    Estoy empezando a disfrutar más de mi familia, de mis amigas, con las cuales no puedo tener más suerte, de mis amigos etc. Donde más veo a Dios es en mis cuatro hermanos, en mi padre y sobre todo en mi madre. Tener una familia numerosa es el mejor regalo y no puedo estar más agradecida. Mi madre es mi mayor ejemplo, aunque nos peleemos mucho yo la admiro, con todos los problemas y momentos duros por los que ha pasado y pasa siempre está ahí al pie del cañón por y para su marido y sus cinco hijos y también para los demás. Solo espero algún día parecerme aunque sea un poco a ella.

    También veo mucho a Dios en los enfermos. Llevo más de un año yendo a “cuidar” a los enfermos de sida  de la casa de las Misioneras de la Caridad aquí en Madrid y es una de las cosas que más me llenan, son las personas más inocentes buenas y agradecidas que he conocido, ahí veo a Cristo realmente, en cada uno de ellos, ya sea en una palabra un gesto o en su sonrisa porque a la mitad de ellos casi ni les entiendo. Y muchas veces pienso, realmente, ¿Qué hago yo? ¿Nada? Voy los días que puedo o incluso a veces cuando me apetece, les doy de comer, limpio, les ayudo con algo, hablo con ellos un rato, juego, etc, pero luego me voy a mi casa y a mi maravillosa vida mientras ellos se quedan haciendo lo mismo día tras día, sin sus familias, prácticamente solos y gracias a Dios que tienen a las hermanas que hacen una grandísima labor. Esto muchas veces te frustra, pero como decía Madre Teresa, “a veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar seria menos si le faltara esa gota” y “no podemos hacer grandes cosas pero sí pequeñas cosas con gran amor”.

    Por otro lado vivimos en un mundo con tantas distracciones tan ajetreado con tantas cosas para hacer, vivir, etc, que ni yo me paro, o me centro. Hay que sacar aunque sea cinco minutos de tu día para agradecerle a Dios por cada cosa buena que nos da, por estar vivos un día más.

    Ahora que ya he curado gran parte de mis heridas me doy cuenta de lo afortunada que soy, de todas estas cosas buenas que me hado Dios, como he dicho antes, tengo buenísimas amigas y amigos, mi familia, he podido estudiar una carrera y lo que me queda, buenos planes, viajar y conocer mundo, etc… No hay forma de seguir quejándome porque muchas cosas no sean como yo quiero o porque me hayan hecho daño.

    Como ejemplo de vida en Dios la verdad que no sirvo mucho todavía, sé que todavía tengo miles de cosas que mejorar, que cambiar, que hacer bien y otras que dejar de hacer, pero sé que si no me voy de su lado, si le empiezo a poner realmente en el centro de mi vida y confío, todo va a salir bien, que me seguiré equivocando y cayendo pero tendré que levantarme las veces que haga falta, gracias a Él, a que me vaya ayudando cada día ser un poco mejor hasta conseguir ser la mejor versión de mí misma.

    Así que, recuérdalo siempre… ¡Dios te ama tal y como eres! Solo tienes que aprender a confiar en Él.

    Celia Devís Calderón