¿Mejorar los defectos o potenciar las virtudes?

Cuántas veces habremos escuchado durante nuestra vida que hay que ser “buenas personas y que tenemos que mejorar cada día”. Cuando escuchamos esto, casi inmediatamente asociamos “buenas personas” y “mejorar” con eliminar, quitar defectos que tengamos.

Y sí. Es cierto. Para parecernos cada día un poco más al Señor tenemos que ir puliendo esas miserias que cada uno tenemos. Pero… ¿y si lo enfocamos desde el punto de vista de las virtudes y dones que nos ha dado el Señor, en vez desde una perspectiva negativa? Puede, así de primeras, parecer un poco extraño. Si las virtudes son cosas que hago bien… ¿por qué tendría que cambiarlas? No se trata de cambiarlas, sino de potenciarlas. Pero, ¿cómo? Para crecer en virtud necesitamos unos “ingredientes”: escuchar, humildad, paciencia y confianza.

Necesitamos escuchar a los demás cuando nos digan algo bueno. Cuando escuches que alguien  te dice algo bueno tuyo, toma nota de lo que han dicho y después poténcialo. Por ejemplo: Si escuchas a alguien decir sobre ti que eres muy risueño, intenta acordarte de este “piropo”, no para que se te suba a la cabeza, sino para poder sonreír siempre que puedas, con quien ya lo haces y a las personas nuevas que conozcas.  O si alguien te dice, metafóricamente “Eres mi ángel de la guarda”, si te tomas esa frase en serio, tienes ahí una tarea enorme y bonita: la de cuidar a esa persona. Y no solo a esa persona sino a todas las que te rodean. Y ser ese ángel de la guarda, pasa por estar atento a las posibles necesidades, preguntarle sobre el día, acordarse de su cumpleaños, etc. 

Pero claro, para poder vivir bien todos los piropos que recibamos, necesitamos la humildad, segundo ingrediente. Humildad para reconocer ese don que nos han dicho otras personas que tenemos. La humildad no es pensar que no soy nada, que no sé hacer ninguna cosa, que todo se me da mal… ¡NO! El humilde es el que reconoce los dones que Dios le ha dado y los pone en práctica.  

Por último necesitamos paciencia y confianza. Los dos últimos van inevitablemente juntos. Virtud importantísima en este tiempo y más para determinadas cosas es la acción de la Gracia de Dios. Si intentamos potenciar los dones que tenemos y aquellas cosas buenas que escuchemos de nosotros, habrán frutos seguro por acción de la Gracia. Aunque seguramente no sean inmediatos. De hecho, puede ser incluso que nosotros no los veamos. Pero para eso necesitamos la confianza, sabiendo que nuestros tiempos no son los de Dios, y que hemos de dejar actuar a la Providencia.

Si vivimos como se ha propuesto, vamos a estar luchando por dos: intentando mejorar aquellos defectos pero, a la vez, potenciando aquello que ya hacemos bien. Con esto no tenemos la batalla ganada, pero sí que añadimos otra arma contra el maligno. Además, seguro que conseguimos arrancarle una sonrisa a Jesús y a María.

Pablo Navarro