¿Merece la pena vivir mi propia vida?

Hace poco tuve un sueño. Fue muy vívido y me levanté un poco agitada. Como no quería olvidar los detalles y sensaciones que me había dejado, lo escribí nada más despertar.

En mi sueño aparecía una persona que sabía que me conocía de verdad y que siempre había estado a mi lado, una amiga de la infancia, pero no tenía un rostro definido, quiero decir que no era nadie concreto, era como una representación, y en este caso, representaba todos los tipos de amor.

En este sueño, mi amiga y yo habíamos quedado, y me estaba arreglando para salir. Éramos jóvenes. Sin embargo, cuando llegué al punto de encuentro y empezamos a caminar, me di cuenta de que a ella le costaba mucho, y a mi también. Nos miré a ambas, y, de repente, habíamos envejecido. Sentí en un momento el peso de una vida entera que estaba llegando a su final, la sensación del recuerdo de lo que habíamos sido, y el temor a la pérdida, la certeza de que cada vez nos quedaba menos tiempo. Todas estas emociones se apoderaron de mí, y comencé a llorar.

En ese momento, mi amiga me cogió de la mano, y me preguntó por qué lloraba, le respondí y ella me miró con mucho cariño, y me dijo: No llores por eso, tranquila, sé que da nostalgia pensar en toda una vida juntas, y que vernos así solo nos recuerda a lo que comenzó un día que queda muy lejos, pero piensa en lo bonito que ha sido este recorrido. Aunque ya apenas podamos caminar, aún podemos disfrutar de muchas cosas, y esa certeza de que queda menos para el final, la posibilidad de que pronto falte alguna de las dos, solo hace que cada momento sea aún más especial. Sé que da una especie de vértigo extraño recordar una vida juntas, por eso, no lloremos, recordemos lo vivido y sigamos caminando despacito, a nuestro ritmo.

Al final, el miedo al paso del tiempo, que aumenta según crecemos, es solo el reflejo de no sentirnos capaces de aprovechar cada minuto, porque la vida nos absorbe en ese torbellino de rutina que, si no tiene un propósito, nos hace sentir vacíos y desperdiciados. Tememos darnos cuenta de repente, que no hemos hecho todo lo que podíamos con quien queríamos, y que ya es demasiado tarde.

El hecho de que cada instante se va para no volver jamás, es algo de lo que deberíamos ser más conscientes. En mi opinión el secreto de esperar el final con serenidad, es la certeza de haber tenido una vida que ha merecido ser vivida.

Quizás es momento de parar y preguntarnos, ¿merece la pena vivir mi propia vida?.

Mai García.