En la humildad y la oración encontramos la pobreza de espíritu

En la homilía del domingo, el Papa Francisco predicó sobre la primera bienaventuranza: Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielo. Vatican News nos lo cuenta.

El poder de los hombres, incluso los más grandes imperios, pasan y desaparecen. En cambio, en el poder de la fraternidad, de la caridad, del amor, de la humildad reside “la verdadera libertad”. Y esto es así porque “reina verdaderamente aquel que sabe amar el verdadero bien más que sí mismo”.

Y, ¿qué significa pobre de espíritu? Es ser pobre en lo más íntimo y profundo, allí donde todos debemos reconocernos incompletos y vulnerables, por mucho que nos esforcemos, ha dicho el Santo padre.

No hay trucos que cubran nuestra vulnerabilidad, aseguró Francisco, pues cada uno de nosotros, “siempre permanece radicalmente incompleto y vulnerable”. Y “se vive mal si se rechazan los propios límites”, es algo que “no se digiere”. Esto sucede a las personas orgullosas que “no piden ayuda”, y “no les sale” pedir ayuda porque tienen que demostrarse “autosuficientes”.

«En la humildad, en la oración, encontramos ese camino. Nos podemos delante de Dios y le pedidos que venga en nuestro auxilio, que no tarde en socorrernos, que manifieste su potencia, en el perdón y la misericordia. Es ahí donde Jesús ha manifestado la fuerza de Dios, no en el poder humano, en tener o aparentar, sino en el testimonio de un amor que es capaz de dar la vida y la verdadera libertad».

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