Buscar a Jesús en tiempos difíciles

Amar en tiempos revueltos”, nunca antes una serie televisiva (española, para mayor aclaración de nuestros hermanos que nos leen desde Latinoamérica), inspiró a un humilde escritor a compararlo en unas cuantas líneas con la Fe. Buscar a Jesús, seguirle, y amarle el tiempos difíciles (o en “tiempos recios”, como dice una querida amiga mía a la cual tengo el gusto de dedicarle este artículo) se antoja una tarea difícil para la débil existencia de la persona. El poco de polvo que somos y que Dios da vida mediante su aliento, se muestra incapaz en no pocas ocasiones de doblar su rodilla y clamar ayuda al Señor que todo puede hacerlo; se ciega, se nubla y enseguida todo empieza a ir mal.

Por eso, ¡Ay benditos de los que sí son capaces de hacerlo!. Aquellos que son capaces de tener la paciencia, la Fe, y la calma necesarias para rogar a Dios que les ayude a cruzar su desierto personal, encuentran pronto el consuelo que con tanta ansia iban buscando. A fin de cuentas todo lo que está escrito debe cumplirse, y: “vengan a mi aquellos que están fatigados por el peso de la carga que Yo les daré alivio”.

La Cruz que cada uno debemos llevar a veces se hace pesada, más que de costumbre según sea la ocasión, resbalamos, caemos y desfallecemos. A veces hasta nos quedamos tumbados en el suelo sin saber que hacer. La crítica en este momento se antoja fácil: “¿Señor donde estás ahora que te necesito?” para mayor soberbia del ser humano, que a veces piensa incluso que Dios es capaz de mandar la enfermedad o la desgracia a una persona. Quizá Dios permita esos males, pero en ningún caso los envía porque disfrute sentado en su trono disfrutando del sufrimiento humano, o simplemente se muestre impasible ante él. No, para nada queridos hermanos, Dios quizá a veces permite esos males pero es para mostrar su infinita gloria, su máximo poder y su inigualable amor hacia nosotros, que se compadece una vez más de todos nosotros, nos tiende su mano misericordiosa y responde a la pregunta que nuestra ignorancia realiza diciendo: “Aquí estoy contigo para amarte igual que lo hice siempre”.

Gracias a Dios, he tenido el gusto de conocer a muchísimas personas, unos viven su vida de la mano de Él, otros la viven (y se empeñan además en hacerlo) sin Él, y otros simplemente viven, teniendo presente su realidad pero sin atreverse del todo a sumergirse en su abrazo. Me fijé en que cada tipo de persona, llevaba su Cruz de una manera diferente. El primer grupo llevan la carga de una forma más liviana, recurren a Jesús en cuanto toman la Cruz y el Señor lleno de amor hace como Simón de Cirene y les ayuda a llevarla. El segundo grupo representa todo lo contrario, estas personas llevan su carga de una forma mucho más gravosa, lo hacen sin amor, y su duro caminar se hace incluso más pesado, debido a que no recurren a la ayuda de nuestro Señor misericordioso. Y el tercer grupo, representa para mayor gloria de Dios, el grupo donde muchos se reencuentran con su fe, y se unen en su caminar a Jesús.

Yo, queridos hermanos, desde estas líneas os animo a que seamos como el primer grupo, busquemos a Jesús en cada uno de nuestros problemas, ofrezcámoselos sin olvidar que Dios de un pequeño grano de arena es capaz de hacer una montaña, a fin de cuentas el universo entero salió de sus manos. Recemos para que pese a la dificultad, nunca nos cansemos de buscar a Jesucristo en nuestro caminar diario, y todo lo realicemos cubiertos por su amor.

Carlos García Moreno