Una Iglesia capaz crear cultura

Esta preocupación sonará a muchos, porque está presente en innumerables documentos que se suceden unos a otros, sin terminar de hacer pie definitivamente. La Iglesia, que como institución que está en el mundo, siempre ha mantenido una actitud de apertura y espontaneidad, libre y abierta, capaz de generar cultura y encuentro. Sólo hace falta darse una vuelta breve por la historia de la literatura, el arte, la música, la ciencia, la sociedad en general, los derechos, la política.

Nuestro tiempo es otro. Veo hoy a muchos cristianos a rebufo de cuestiones y preguntas que sacan otros a la palestra y dominan el escenario público, sin tomar la iniciativa, sin primerear en esta clave. La literatura religiosa, como algo religioso exclusivamente. El arte religioso, igual. La música, tres cuartas de lo mismo. No digamos en cuestiones éticas, sobre la orientación de la tecnología desde claves humanistas. Así una tras otra, en el ensayo, en las artes escénicas.

Pongo un ejemplo más, muy propio de nuestro tiempo: los canales de YouTube. Más allá de los más famosos, desde hace años se va generando una cultura digital muy interesante de comunicación y difusión de contenidos especializados en diversos ámbitos. Ese nicho hubiera sido un espacio precioso para que jóvenes creyentes pisaran un terreno común en auge y supieran transmitir, con el lenguaje y formas de nuestro tiempo, la esencia del Evangelio encarnado en diversidad de asuntos. Pero no pocas veces nos hemos visto reducidos, sin tender puentes, a un lenguaje y formas intraeclesiales, aplaudidas hacia dentro y con poco impacto fuera. No sé si falta inspiración, pero no me cabe duda de que, haciendo análisis, rápidamente nos damos cuenta de que terminamos hablando entre nosotros mismos creyendo que eso es evangelización por el mero hecho de que sea un canal de YouTube y parezca más moderno. No ha cambiado nada, salvo el púlpito.

Impulsar la cultura hoy, en la dispersión y la diversidad, supone aventurarse en terrenos desconocidos sabiendo que son terreno de muchos. Impulsar la cultura hoy sería ver con buenos ojos la belleza de todo lo creado, confesar participando en la realidad que Dios está presente en todo. Impulsar cultura hoy es tender puentes con otros, mucho más que fortalecer identidades cerradas en núcleos pequeños. Impulsar cultura hoy, quizá cómo nunca, exige la conversión misionera del corazón.

Josefer Juan