Si lo haces, hazlo bien

¿Hacemos mucho la señal de la cruz en nuestro día a día? ¿Cómo la hacemos? ¿Conocéis la diferencia entre santiguarse, signarse y persignarse? ¿Qué disposición tenéis en el corazón cuando lo hacéis? 

Desde Jóvenes Católicos os proponemos una manera renovada de hacer aquello que nos identifica como cristianos, la Cruz de Cristo, la Gloria de la Resurrección. Primero explicaremos la diferencia entre las tres maneras de hacerla y después propondremos una forma de hacerlo de corazón, no automáticamente, sin pensar en los gestos que hacemos, de manera repetitiva y vacío de significado. De la manera como hagamos nuestra señal de la cruz decimos qué tan grande es nuestra fe y qué tanto hemos entendido del misterio de la cruz.

Santiguarse: Es una oración haciendo la señal de la cruz en la frente, en el pecho, en el hombro izquierdo y luego en el hombro derecho. Diciendo: En el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Signarse: Es una oración haciendo una pequeña cruz con el dedo pulgar en la frente, luego otra en la boca y luego otra en el pecho. Diciendo: Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.

Persignarse: Consiste en una mezcla de las dos. Primero santiguarse y luego signarse.

Ahora bien, os queremos plantear una nueva manera de signarse o persignarse que puede cambiar el curso del día. Cuando nos levantamos, o cuando empezamos la oración, o en algún momento importante del día podemos signarnos, pero en vez de decir la oración que se expone, podemos hacer una oración que salga del corazón. Por ejemplo: En el momento de hacer la señal de la cruz en la frente, podemos decir «Que todos mis pensamientos estén en ti», en la boca «que todas mis palabras y mis silencios estén en ti», en el pecho «que en todas mis acciones te manifiestes», y para terminar santiguarse y decir «todo tuyo, Señor«. Este podía ser un ejemplo, pero podemos cambiar los verbos. En vez de «estar en ti», se puede decir, «mis pensamientos esperan en ti», «mis silencios y mis palabras esperan en ti»…; o «mis pensamientos confían en ti», «mis palabras y silencios confían en ti»; o también, «mis pensamientos unidos a los tuyos», «mis palabras y silencios unidas a las tuyas», «mis acciones como las tuyas»… Y los verbos que se os ocurran e ir utilizando aquellos que más os ayuden en cada momento (esperar, confiar, estar unidos, depender, observar, cuidar…) de tal manera que hacer la señal de la Cruz sea una verdadera oración, un verdadero unirse con el Corazón de Cristo y sus deseos. 

Que tengamos costumbre de persignarnos antes de empezar la oración o justo al empezar el día, para que verdaderamente nuestro corazón, toda nuestra persona esté centrada en Cristo. Y si queréis, hacedlo a quien más queráis (novio, amigos, marido, hijos, sobrinos…) ayuda mucho y consuela. Esperamos que os ayude y que este pequeño detalle de cuidar al Señor nos haga crecer en santidad.