Desde el interior

No habían pasado ni dos horas desde que se había levantado de la cama y ya estaba saturado.

Incluso se había cruzado con un hombre que caminaba con las manos en los bolsillos y la vista fija al frente mientras contestaba al aire.

Hablaba por el Bluetooth. Hablaba de lo mismo.

Ya casi  no se tienen conversaciones plenas, donde se puede saltar de un tema a otro con enorme facilidad. Ahora nunca se da un tema por zanjado. Y cansa.

Recordaba a su abuelo y sus hermanos hablar de muchas cosas y cuando un tema les alteraba decían: En fin ¡qué mal está el mundo! y enseguida, uno de ellos sonreía y comentaba ¿te acuerdas de Pedro? Pues me lo encontré ayer… Y cambiaban la conversación.

Porque había una conciencia clara de la libertad interior de cada uno.

La libertad interior es sagrada. ¡La respeta hasta Dios!

Dios te da sus argumentos y el mundo los suyos. La diferencia es que Dios, una vez que los expone, te deja decidir. Y respeta tu decisión, pero el mundo no.

El mundo te sigue argumentando y argumentando. Te bombardea con imágenes, slogans, tertulias, memes, charlas, y si ven que no aceptas sus argumentos, pasan a la acción. Que en el menor de los casos son amenazas, pero que en el fondo lo que buscan es acabar con tu libertad interior.

Van Thuan fué un obispo vietnamita que durante 13 años sufrió todo tipo de torturas, pero no pudieron acabar con su libertad interior. Él había decidido seguir creyendo en los argumentos de Dios: amar a tus enemigos y defender la verdad.

Los argumentos del mundo no pueden más que Dios. Esa es la verdad. Si tienes a Dios nada puede alterarte.

Porque ese es el truco. Puedes saturarte de escuchar una y otra vez una mentira, pero en el fondo siempre sabrás que es mentira. Por mucho que la repitan de mil formas originales y distintas.

Van Thuan había aprendido de su madre a aprovechar el instante. Cada instante como un tesoro, en el que se puede entrar al trapo, a la angustia o usar las armas del amor.

Pidió un café. A su lado dos compañeros discutían ya a gritos, de lo mismo. De lo mismo que hacía semanas. Al escucharle se volvieron a él. Querían sumar fuerzas cada uno a su bando. Le preguntaron su opinión.

Él se sonrió y dijo: ¿Sabéis quién es Van Thuan? Precisamente estuve leyendo sobre él ayer….

Chiti Hoyos