«Voy a tatuarme el amor de Cristo en mi alma». Cristina Grábalos

    Mi nombre es Cristina y tengo 21 años. Cuando nuestros amigos de Jóvenes Católicos me pidieron que les enviara un testimonio de vida, mi historia, me quedé rayada. Pensé “¿Yo? Pero si no tengo nada especial que contar.” Luego ya me di cuenta de que la vida cerca de Dios no tiene por qué ser a base de cambios radicales. Es en el día a día. Tú, queda súper ñoño, pero es verdad. A mí que no me vengan a rebatirme si Dios existe o no, o si Jesús es el Dios verdadero porque, aunque yo no me entere de nada porque llevo un despiste monumental, noto su presencia y su cariño.

    Veo que Él actúa a través de la fuerza que da a mi madre y mi hermana para luchar contra sus enfermedades aunque sepan que nunca se van a curar, o a través del apoyo que le ofrecemos a mi hermano para que deje las drogas… Muchas veces me siento la mujer más desagradecida del mundo por no darle las Gracias en cada momento, por decir que voy a mejorar y no hacerlo, por hacerle tanto daño, por querer sacrificarme por Él y hacer lo que me da la realísima gana, pero chico, ahí está la gracia: menos mal que Dios me quiere con toda mi basura si no estaría … bueno digamos que muy fastidiada, por decirlo bonito. Eso le decía el otro día a mi hermano, que aunque él se sienta lo más descarriado, drogadicto, ateo y desgraciado, Dios no pretende abandonarle, no vino a por los justos, sino a por los que estaban en hondo de la mierda. Perdón por decirlo así… El caso es que intento quererle de corazón, cada día acordarme y tengo mis truquillos: Llevar una estampa para la bolsa de la uni, ofrecer mi día, llevar un Rosario de dedo, bueno ese lo perdí, pero solía usarlo. Vamos, que no me excuso con la mítica de “ Dios me quiere con mis defectos y así no me esfuerzo en cambiar» pero tampoco me agobio.

    Mi manera de dar testimonio de fe es hablando con la gente. ¡Si es que yo saco conversación hasta a las piedras! El caso es que intento ser todo maja y cuando quiero sacarle los ojos a alguien, soy de naturaleza algo violenta, me callo casi siempre pensando que a Jesús no le molaría ni estaría demasiado orgulloso de que fuera despellejando a todo el que me dijera algo desagradable.

    Quiero tatuarme algo que me recuerde a Jesús y a mi abuelita pero cómo lo haga, la despejada voy a ser yo, así que me voy a tatuar el amor de Cristo en mi alma y seguro que eso sí me dejan. Nadie me lo podrá borrar.

    Cristina Grábalos