Nuestros hijos

Tras las recientes declaraciones de la ministra de Educación, que no han hecho sino reiterar otras anteriores, no me he podido resistir a escribir unas breves líneas.

¡Claro que los hijos no son de los padres! Ni de los padres ni de nadie. Pero sí que somos los padres los que les traemos al mundo, los criamos desde pequeños y los educamos para hacerlos hombres y mujeres de bien. Siempre a nuestro buen saber y entender, unas veces mejor, otras peor. ¡Claro que hay yihadistas, terroristas, maltratadores, pedófilos… que tienen hijos! ¡Claro que hay padres que no se ocupan de sus hijos! Eso lo sabemos, lo conocemos y el Estado ha de atender todos estos casos y ocuparse de que esos niños reciban una educación adecuada. El que haya ladrones no significa que todos lo seamos.

Pero eso no obsta a que el resto de los padres debamos dejar la educación de nuestros hijos en manos del Estado. Y no es que los padres seamos unos talibanes defendiendo a nuestros hijos, no. Nuestra Constitución tristemente para los que quieren meter sus sucias manos en las cabezas de nuestros hijos nos ampara. El Artículo 27 habla sobre la Educación y la enseñanza. Comienza diciendo que “Todos tienen derecho a la educación” y reconoce la “Libertad de enseñanza”, para continuar diciendo que esta educación tiene el objetivo del “desarrollo de la personalidad humana, en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y deberes fundamentales”. ¿En dónde dice aquí que el gobierno de turno pueda establecer los valores en los que se ha de educar mi hijo? Si, valores democráticos. Si, respeto a los derechos y deberes fundamentales. Todo eso lo tenemos claro todos los padres.

Pero ¿Dónde dice que hayamos de educarlos en el relativismo, o en el positivismo, o en la ideología de género? No señora Celaá. Los niños no son del Estado y está muy claro si seguimos leyendo este famoso Artículo 27 de la Constitución. Pues sí, este artículo nos dice como los poderes públicos, es decir, usted señora Celaá entre otros, usted como ministra y todo aquel consejero de Comunidad Autónoma con competencias en la materia, “debe garantizar el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y MORAL que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.

No es difícil de leer y entender, aunque todo es posible. NI USTED, NI NADIE, puede adoctrinar a nuestros hijos. Usted tiene la obligación de garantizarnos a nosotros, LOS PADRES, que podamos educar a nuestros hijos con arreglo a nuestras propias convicciones.

En la etapa del señor Rodríguez Zapatero, incluso en Comunidades Autónomas gobernadas por otros partidos de distinto signo, muchos padres nos unimos y luchamos para defendernos frente a la intromisión de los poderes públicos en la educación de nuestros hijos, recibimos sentencias a favor y en contra, nos tumbaron el camino seguido por muchos, que fue la objeción de conciencia, pero reconoció el Tribunal Supremo en varias sentencias de del año 2009, este derecho establecido en el Artículo 27.3 de la Constitución, en relación con el Artículo 16 que nos garantiza la libertad ideológica, estableciendo estos dos artículos de la constitución como límites a la actividad educadora del estado.

El famoso pin parental adoptado por un partido y exigido para aprobar unos presupuestos no es otra cosa que en lo que desde hace años viene trabajando la federación ESPAÑA EDUCA EN LIBERTAD, el consentimiento informado, que no es otra cosa sino la transposición a la práctica del derecho consagrado a los padres por nuestra Constitución.

Nuestros hijos no son suyos señora Celaá y los padres y madres vamos a luchar para evitar la ideologización de la educación y el adoctrinamiento que ustedes o que en el futuro plantee cualquier tipo de Gobierno.

Luis de Loma-Ossorio