Señora Ministra de Educación

Escribo estas líneas llenas de asombro, de perplejidad y de estupor ante sus declaraciones del Consejo de Ministros del pasado viernes diecisiete de enero al afirmar que los hijos no pertenecen a nadie.

Le habla un ciudadano cuyo mayor honor y título es la de ser hijo de Dios, como cristiano creo que no hay mayor dignidad como el don de la vida, defender por tanto la vida es una tarea de todos, muchas de las crisis de nuestras sociedades vienen unidas a unas políticas ineficaces sobre la natalidad.

Señora ministra, ¿De verdad cree usted, que los hijos no pertenecen a nadie?, Dios no me ha dado en la vida una vocación al matrimonio y a formar una familia, como Dios sigue llamando dentro de la sociedad occidental al estilo de la familia de Nazaret.

En primer termino los hijos pertenecen a Dios, el mismo Señor que camina a través de nuestra historia de salvación dentro de nuestro peregrinar por la tierra. Su partido y su gobierno están más preocupados por defender cientos y miles de asesinatos como suceden anualmente en nuestro país como es el aborto, que defender la vida. Ahora pretenden educar a golpe de ideología, quieren hacernos ver que los hijos no pertenecen a nadie. El ser humano es obra de Dios, es la cumbre de la creación, por tanto, el hombre y la mujer, han sido hechos a imagen de Dios, capaces de entender la sabiduría de su obra.

Pretender legislar de manera sectaria e hiriente a muchos ciudadanos nos recuerdan a épocas pasadas de las peores dictaduras de nuestra historia, tiempos en los que se legislaba pisoteando la dignidad de la persona.

Los hijos no pueden estar en manos de un Estado, de un gobierno, de una ideología, de unos intereses y de un partido. Ustedes ahora pretenden robar la dignidad humana a los hijos a los niños, a los cuales millones de padres educan a través del amor, de la caridad y de la misericordia.

Los niños no tienen la culpa del revanchismo de un gobierno sectario y radical que pretende imponer una dictadura educativa.

Nuestra sociedad , nuestra clase política y sobre todo su gobierno, debe educar a los niños en la paz, Señora Ministra, Bienaventurados los que trabajan por la Paz, hay que aprender a vencer al mal con el bien, a la injusticia con la justicia, la mentira con la verdad, la venganza con el perdón, el odio con el amor.

El estilo de vida que exige educación desde la infancia no se puede improvisar, la familia, la escuela y la sociedad son lugares privilegiado de esta pedagogía de paz y de amor en la que tienen que aprender a vivir juntos.

He tenido los mejores padres en la tierra y he ganado dos almas eternas en el cielo, siempre me educaron en la paz y el amor, no en el odio y el enfrentamiento que pretende el ejecutivo que preside Pedro Sánchez.

Ser padres quiere decir sustancialmente recibir un don que regala una nueva perspectiva de amor basada en la óptica de una mutua generosidad y don de sí mismo. ¿Qué significa realmente ser padres? ¿Es un don o es un derecho? Y además, ¿en qué se basa el amor conyugal? Como decía San Juan Pablo II, los padres “deben amar a la nueva criatura humana como la ama el Creador”, por sí misma. Ser padres quiere decir sustancialmente recibir un don que regala una nueva perspectiva de amor basada en la óptica de una mutua generosidad y don de sí mismo. La maternidad y la paternidad es una vocación, una responsabilidad sobre la vida humana, es una vocación al don total, fiel, verdadero y fructífero que hombre y mujer se hacen entre sí a través del matrimonio, expresado en la apertura conyugal a la procreación. La responsabilidad que el hombre y la mujer asumen del hijo es el resultado de su amor expresado a través de sus cuerpos. Salvaguardar tal amor de acuerdo con la norma personalista. La familia es considerada como el don de la vida y su realización en el amor que procrea y nutre a la persona humana.

El matrimonio y la familia en la sociedad contemporánea están en constante ataque por una comprensión pobre, limitante e insatisfactoria del verdadero significado de la vida sexual y el amor conyugal, la belleza de llevar una nueva vida en un marco de amor verdadero, fiel, libre y total porque cada vida humana tiene hambre de que este tipo de amor sea la razón de su ser; es el tipo de amor que cuida y nutre la vida humana según la dignidad de la persona humana.

Sólo la humildad puede encontrar la Verdad y la Verdad a su vez es el fundamento del Amor, del que últimamente todo depende

Rezo por usted y su gobierno y ofrezco el rezo del Santo Rosario, a través de María Reina de la Paz, que ayude a las personas, que tanto desean la paz, a convertirse en sus valientes y tenaces constructores.

Reciba un cordial saludo y que Dios creador de nuestra vida siempre le bendiga.

Alberto Diago Santos

Alberto Diago Santos