Se llenaron de inmensa alegría

Hace poco celebrábamos uno de los días más bonitos del año para mí: la fiesta de los Reyes Magos. Es por ello que me gustaría hablaros un poco de lo que he podido meditar a lo largo la Navidad pensando en ellos.

Los Magos vieron la estrella y se pusieron en camino. Todos estamos llamados a ir a Jesús. Queramos o no, lo creamos o no, todos tendremos un encuentro con Jesús. Al igual que los Magos, este camino no lo hacemos solos. Probablemente entre ellos no se conocían pero algo les unió, les unió la Estrella, les unió “el mirar al cielo”. Quizás el primer encuentro fue “chocante”, hombres de diferente cultura, edad… Quizás Melchor estaba mayor, pero su sabiduría… ¡impresionante! Sabía de todo porque había estudiado mucho y porque ya tenía mucha experiencia encima. Gaspar era más calculador, sabía pensar en frío y ver más allá de lo que pasaba en ese mismo instante. Baltasar, bueno como ninguno, inocente, sólo pensaba en cómo ayudar a los demás, cómo hacer la vida más fácil a los otros. Estos tres hombres tan diferentes entre sí, cumplieron una misión juntos y la clave del éxito fue que todos pusieron los dones recibidos al servicio de los demás y todos supieron aprovecharse de los dones del prójimo.

Al igual que los Magos nosotros no vamos solos en nuestro encuentro con Jesús y al igual que los Magos debemos esforzarnos en poner nuestros talentos al servicio de los demás y saber aprovecharnos de los dones que los demás gozan.

Para poner nuestros talentos al servicio de los demás será necesario conocernos un poquito. Ojo con la falsa humildad que te hace decir que no sirves para nada, que no tienes nada bueno que sirva de ayuda a los otros. A veces estamos tan pendientes de examinar a los demás que no nos paramos en mirarnos a nosotros mismos, si lo hiciéramos podríamos descubrir las maravillas que hace Dios en nuestras almas. No todos servimos para lo mismo, unos destacaran por su sabiduría, otros por su espíritu de sacrificio, otros por ser “manitas”, otros por su sensatez, otros por su prudencia… y así podríamos continuar una lista interminable de cualidades que podemos poner al servicio de los demás. Todas estas cosas que nos hacen diferentes tienen un nexo de unión, al igual que a los Magos les unió la Estrella a nosotros nos une la CARIDAD. En el día a día, tenemos muchas oportunidades de ayudar a los demás, no caigamos en la tentación de esperar grandes ocasiones, vivamos el momento que Dios nos regala colmándolo de amor a Él y, por amor a Él, al prójimo.

Si difícil es vivir olvidado de uno mismo, sirviendo a los demás, quizás es más difícil saber ver en los demás lo bueno que tienen y dar gracias a Dios por haberles colmado de dones. Las personas tendemos a ver lo malo de los otros.

Conozco a dos mujeres que se quieren mucho, tienen una amistad de aquellas que te dan “santa envidia” cuando hablan entre ellas, siempre sacan algo bueno. Pues bien, un día estaban hablando por teléfono y una le dice a la otra: “es que yo soy muy crítica, enseguida juzgo a los demás”. Inmediatamente la otra contesta: “yo era así, pero sabes lo que me fue muy bien para corregirme: ver en los demás siempre algo bueno. A veces no es fácil, hay que buscar mucho, pero siempre se encuentra. Y una vez lo había descubierto no dejaba pasar la oportunidad de decírselo al otro “oye mira, me ha gustado mucho esto que has dicho o hecho; muchas gracias me has hecho mucho bien”. ¡Qué amistad más bonita! ¡Cuánta razón tiene la que da el consejo! Si todos nos esforzáramos un poco en ver lo bueno de los demás…

Por otro lado, todos vamos hacia Jesús y todos llevamos algo en las manos. Nosotros decidimos qué queremos llevar a Jesús. Podemos llevar las manos llenas de obras de misericordia, llenas de obras buenas; también las podemos llevar llenas de obras malas o llevar las manos sucias.

Los Magos se presentaron ante el Niño y le ofrecieron: oro por ser Rey; incienso por ser Dios y mirra por ser hombre. Durante todo el camino cuidaron estos dones como lo más valioso que llevaban ¡era el regalo que le iban a hacer al Dios, Rey hecho Hombre! Pasarían por tormentas, calores, caminos escabrosos… pero sus regalos siempre en sus manos, porque no sabían bien cuál sería el momento en el que se encontrarían con el Niño. Ellos estuvieron preparados todo el camino.

Todos vamos a Jesús y todos tenemos la oportunidad de decidir qué llevarle. Quizás habéis visto la película de “Balarrasa” es del año 1951 y cuenta la historia de un misionero español que recuerda su pasado antes de morir sobre la nieve de Alaska. Su hermana tiene un accidente de coche y él llega a tiempo para atenderla antes de que muera. Es un momento muy emotivo, en el que la chica se lamenta porque se está muriendo y “sus manos están vacías”. ¡Qué difícil consolar, animar a las almas que tienen las manos vacías! Las matemáticas de Dios son muy diferentes a las matemáticas de los hombres. No llenaremos nuestras manos mientras no hagamos nada por los demás. En la medida que nos demos se irán llenando nuestras manos de piedras preciosas que podremos ofrecer a Jesús. No hay un momento en el que debemos empezar a llenar las manos, no conocemos el momento, debemos estar siempre preparados. Y no hay excusas que valgan, todos sabemos cómo llenar las manos, todos tenemos oportunidades diariamente para llenar las manos.

Y sí, es cierto, es muy importante llenar las manos de obras buenas. Pero a veces, ¡tenemos las manos tan llenas de cosas que no caben ni las bonitas que podríamos dejar a los pies del Niño! Entonces ¿qué hacemos? Podríamos pensar en dejar alguna de estas cosas como regalo a Jesús. Unos podríamos dejar el reloj, otros esas amistades que no nos hacen bien, otros quizás el corazón inquieto por las cosas de este mundo, o el móvil, o el coche… ¡no lo sé!” hay tantas cosas que en sí son buenas pero que si lo pensamos un poco nos están separando de Jesús.

No lo dudes, el Niño todavía es pequeño, acércate al portal, saluda a la Virgen a San José y abre tus manos, déjalo todo con cuidado a los pies de Jesús y verás en su Rostro una sonrisa que te llenará el corazón de inmensa alegría.

Cuando llegue el momento, deja a los Magos marcharse, pero tú quédate ¿dónde vas a ir lejos de ese Niño, de su Madre y de San José?

Sotana Rural