¿Y por qué no? Dios no se deja ganar en generosidad

    Si alguien pudiera ver mi vida de infancia y adolescencia concluiría sin lugar a dudas que es la vida de alguien totalmente normal. En mi juventud nada hacía pensar que pudiera pasar nada sorprendente. 

    Estudié la educación general básica en un colegio público de mi pueblo. Al acabar ese periodo inicial de educación, me dio por estudiar una formación profesional en electrónica. Eso requería buscar un colegio que hicieran esos estudios. Fue en ese cambio, cuando el Señor empezó a actuar de una forma más intensa en mi vida, no sabía lo que me venía encima. No por la electrónica, que para quien le guste es apasionante, sino por el colegio en el que me matriculé.

    Sin duda la Providencia quiso que acabara allí. Un colegio con un claro ideario cristiano. Al principio todo iba normal. He sido un estudiante normal. Iba aprobando, unas muy bien, otras no tanto, algún que otro suspenso… que luego recuperaba, no sin esfuerzo. En mi vida espiritual tampoco era nada especial, más bien mediocre, no tenía trato personal con Dios en absoluto. Sí que tenia fe, que sólo se demostraba cuando acompañaba a mi abuela los domingos a Misa (¡que labor tan impresionante la de nuestros abuelos!) Pero ahí estaba todo mi trato con Dios. 

    La dirección espiritual del Colegio, está encomendada a la Prelatura del Opus Dei. Allí durante los primeros años fui conociendo la espiritualidad de esta Institución, que para mi era totalmente desconocida: Santificarse a través del trabajo y la vida ordinaria, leía cosas, por pura curiosidad sobre el fundador, el entonces todavía Beato Josemaría Escrivá. ¡Qué descubrimiento fue para mi! Y es que Dios ya sabe donde poner a cada uno… Dios me quiso allí -ahora, al pasar los años, lo veo claro- porque me estaba mostrando, de la forma más natural, una vocación especifica dentro de la Iglesia.

    Si alguien piensa, leyendo estas líneas, que llegado el momento -que llegó- en el que me decidí a seguir ese camino (en celibato apostólico), fue porque vi con claridad que Dios me pedía eso, lo siento pero no fue así.

    Me explico, mi experiencia ante una vocación no es tanto: Dios me ha dicho, sino Dios espera. El Señor es capaz de cambiar sus planes si alguien es generoso al seguir un camino en el que se siente a gusto e identificado (Dios espera generosidad, entrega). 

    Por tanto, mi vida no ha sido un conjunto de revelaciones, sino una sucesión de respuestas como: ¿y porqué no?, o ¿hay algún impedimento para que yo siga este camino?” 

    Así me decidí yo, quizá te he decepcionado, pero la verdad que al pasar los años me voy dando cuenta que el Señor premia con creces la pobre entrega que uno haga de su vida. 

    Pero aquí no se acaba todo. Recuerda que Dios sorprende siempre y no sabe uno por donde puede salir. Al cabo de unos cuantos años, habiendo acabado la carrera de Arquitectura Técnica, después de 10 años trabajando entre planos y hormigón, el Señor plantea un cambio. ¿Cómo? Con la simple pregunta de mi director espiritual: Oye, tú te has planteado ir a estudiar teología por si el Señor te llama al sacerdocio? Mi respuesta, después de pensarlo no mucho, ya la sabes: No encuentro ningún impedimento para que así se haga. Y me fui a estudiar teología a Navarra. (No pienses que siempre respondo igual. Una vez me plantearon ser profesor y dije… que encontraba muchos impedimentos).

    Después de los años de formación, efectivamente, el Señor me pidió que sirviera a la Iglesia como sacerdote de la Prelatura del Opus Dei. Una forma distinta de cómo lo hacía antes como laico.

    Miro mi vida y todavía hoy me sorprendo. Años en los que mi vida cristiana era ir a Misa con mi abuela el Domingo, a tener el inmerecido premio de poder celebrarla yo mismo.

    Con esto acabo, hace más de tres años que me ordené y estoy de capellán en un colegio. Y puedo asegurarte, que aun todavía no me ha bajado un ángel a confirmame ninguna de las decisiones que he tomado. Aunque de algún modo ya lo va haciendo… con el premio de la alegría. Sí, para mi, la alegría es una respuesta de Dios ante las decisiones tomadas (¡ojo! Ya sabes que la vida tiene muchos movimientos, no siempre uno sonríe, no todo es un camino de rosas, pero la alegría, cuando alguien esta cerca de Dios, no la pierde nunca, aunque a veces tenga que llorar).

    Sólo añadiré una cosa, por si te sirve. Si intuyes que Dios te llama a algo concreto, no busques respuestas, ¡sé generoso! A mi siempre me ayudan una idea de San Josemaría: La felicidad no está en una vida cómoda, sino en un corazón enamorado.

    Ojalá que todos pudiéramos responder a Dios con un ¿y porqué no?

    Carles Rodríguez i Raventós.