Todos mis mérito y mis triunfos son de Dios. Juan Díaz

    Soy Juan Díaz Vaquerizo y tengo 19 años. Formo parte de una familia formada por 6 hermanos (de los cuales soy el 2º mayor), mi madre y mi padre. Aunque dentro de poco seremos uno más, ya que hemos visto que Dios quiere que acojamos a una niña. Parece una locura, pero Dios está loco de amor por nosotros y Él quiere que seamos felices, aunque lo que nos pida nos parezca irracional. Soy cristiano gracias a mis padres, los cuales me han educado en la cultura cristiana, es decir, en la cultura del Amor en mayúsculas. Ellos me enseñaron a rezar, a tratar a Dios como un amigo del que se puede confiar siempre. Ellos me han llevado a colegios de ética y moral católica. Estudié en el colegio Nuestra Señora de las Delicias hasta 1º de primaria. Desde 2º de primaria hasta 2º de bachillerato estudié en Tajamar, un lugar al que le debo mucho, porque allí me formé como persona hasta lo que soy ahora. En Tajamar hice mi Primera Confesión, mi Primera Comunión y mi Confirmación. La mayoría de mi formación académica y cristiana procede de aquí. Además, en Tajamar comencé a practicar Atletismo a los 11 años, más concretamente Lanzamiento de Martillo. Comencé con el que ahora sigue siendo mi entrenador, Lázaro Linares. Lázaro es una de las personas que más ha influido en mi vida. Actualmente tiene 84 años. Él me ha enseñado cómo una vida con Dios y dedicada a los demás merece la pena. Y que, sin importar los años vividos, tenemos que ser “eternamente jóvenes”. Gracias a él he llegado a realizar un récord de España, a ganar varios campeonatos de España y a asistir a un campeonato de Europa el año pasado. Y Lázaro me ha enseñado a darle todos mis méritos y triunfos a Dios y a darle gracias por ellos, y también a ofrecerle mis derrotas y malas competiciones. Esto también lo aplico a mi vida, mis estudios, mis amigos…

    Actualmente estoy estudiando Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (CAFyD) en el INEF de Madrid, con el objetivo de dedicarme al atletismo como entrenador y de dar clases de Educación Física. De esta manera podré conocer y tratar a muchas personas muy diversas. Porque una persona que ama a Dios debe amar también a los demás, sin importar cómo sea el otro. Pero estos planes de futuro no son 100% seguros. En el caso de que Dios me diese una vocación diferente, intentaría por todos los medios darle el sí, siguiendo el ejemplo de nuestra madre María. Pero de momento Dios me pide que estudie esta carrera y que siga con mí deporte. Para mí la oración es parte fundamental en mi vida, porque ¿quién no quiere hablar con su mejor amigo o con su padre todos los días? Yo, sinceramente, no hago toda la oración que debería por mis circunstancias. Suelo hacer 30 minutos de oración al día, y es lo que me mantiene en pie, porque gracias a la oración una persona está en sintonía con Dios. Así se puede discernir junto a Él todas las decisiones de nuestra vida sin importar que sean decisivas o que no tengan importancia. Y tengo claro que hacer Su voluntad es lo que me va a hacer feliz durante toda mi vida.

    Hoy día suelo ir a misa 3 o 4 días a la semana, porque no me da la vida entre entrenamientos, estudio, competiciones, clases… Como he dicho antes, realizo una media hora diaria de oración. Es muy importante saber que la oración te lleva de otra manera a la misa, ya que te hace encontrarte más con el Amor de Dios al recibirle. También me confieso cada dos semanas, aunque si es necesario lo adelanto. Porque Dios es Padre y perdona sin importar cuanto la liemos, y eso que somos de liarla mucho. Pero Dios nos quiere y quiere que tengamos el perdón para poder volver a amarle y vivir así en la felicidad. También rezo diariamente oraciones como el Ángelus y las oraciones de la noche (las tres avemarías para mí son fundamentales). Pero cada persona es un mundo y a cada uno Dios le puede pedir que haga más o menos según sus circunstancias. Pero lo importante no es hacer porque tengo que hacer o rezar porque tengo que rezar. No podemos vivir de ese voluntarismo únicamente. Tenemos que vivir nuestra vida espiritual con el corazón abierto a Dios. En definitiva, tenemos que hacer las cosas por amor y no por deber. Esto es algo que yo he aprendido estos últimos años y que todavía me cuesta. Tengo dirección espiritual y me parece que es algo fundamental en la vida de un cristiano, ya que uno no puede hacer la guerra por su cuenta. Para mí el deporte forma gran parte de mi vida. Y muchos de los valores del deporte se asemejan mucho a las virtudes cristianas: el esfuerzo y la fortaleza, la perseverancia y la paciencia, la obediencia al entrenador y la obediencia a Dios… Además, el deporte exige mucho sacrificio, tanto físico, como de tiempo, lo cual, ofrecido a Dios es una mortificación muy potente. Si algo me cuesta lo ofrezco, si me duele algo lo ofrezco, si sufro por que las cosas me salen mal lo ofrezco. Al final es unirse a llevar la Cruz del Señor.

    Entonces, ¿cómo vivo yo la fe desde mi posición, desde mi deporte, desde mis estudios, desde mi familia…? A mí lo que me mantiene en Dios es saber que me ha creado por amor y con un objetivo, dándome las condiciones físicas para mi deporte, mi manera de ser y libertad para hacer lo que me dé la gana. Y claro que hay veces que se ve todo nublado, que se duda de Él, que se tienen crisis de fe. Pero si uno persevera en su amor, y admite que con Él se puede todo, los problemas de fe desaparecen. Pero si tienes presente a Dios todos los días de tu vida es muy difícil dejarle de lado. En todos los viajes que he hecho a competiciones y a concentraciones he procurado mantener esa presencia de Dios, de saber que Él está conmigo siempre y que nunca me abandonará. Hoy día vivimos en una sociedad en la que, por lo menos conmigo, la mayoría de amigos no creen en Dios. Y esto puede hacernos dudar. Pero, gracias a mantener esa conexión con Dios, uno sigue viviendo en la fe. Y con estos amigos hay que hacer lo más poderoso que hay: rezar y mortificarse por ellos. Parece que no funciona, pero es muy efectivo, ya que Dios todo lo puede. Además, con nuestro ejemplo hacemos mucho bien a nuestros amigos. Porque con nuestra sonrisa, con nuestra manera de ser y de amar a los demás, y con la felicidad que mostramos por estar con Dios, hacemos que vean que vivir en Él merece la pena.

    Como resumen de este pequeño testimonio de fe, decir que ésta se basa tres cosas fundamentales: admitir el Amor de Dios, perseverar en la Oración Diaria (aunque a veces sean 10 minutos) y mantener la Confesión Frecuente. Estas cosas son las que mantienen mi fe en pie.