Navidad en el corazón de la Misericordia

    A todos mis amigos, aquellos que sois un verdadero regalo del Señor

    Decía el Papa Benedicto XVI en aquella fría noche de la Natividad del Señor en Roma: La señal de Dios es la sencillez. La señal de Dios es el niño. La señal de Dios es que Él se hace pequeño por nosotros. Éste es su modo de reinar.

    Este año han sido unas navidades diferentes para mi, he querido vivir la sencillez, la luz y la ternura del pesebre, ese mismo que se hace presente en nuestras vidas y se manifiesta cada día en la Eucaristía, en el Cuerpo de Cristo.

    La vida te va llevando por caminos a veces difíciles, resonaba en mi interior una pregunta ¿Cómo te vas a ir tú solo en navidades?, desde hace más de año y medio anhelo cada día en la tierra el peregrinar de mis padres, que gozan de la eterna felicidad en el cielo.

    En la oración sentía que Dios me pedía algo más estos días de navidad, como cristianos debemos buscar siempre la voluntad de Dios en cada momento. Dios nos quiere felices.

    Vivimos días con demasiados envoltorios, con poco poso espiritual, con poca profundidad de alma, celebrar el Nacimiento de Jesús, no se puede basar exclusivamente en fiestas, en barullos comerciales, sino en el acontecimiento que ha cambiado la historia de la humanidad.

    Este año decidí peregrinar hacia la tierra de San Juan Pablo II, a esa pequeña Polonia de la Europa cristiana, tierra verdaderamente de misericordia y de esperanza, tierra de reconciliación y de perdón.

    Muchas dudas llevaba en mi corazón, demasiadas rutinas y demasiado ruido, el mundo de hoy está empeñado en no dejarle sitio a Dios. Un mundo que se deja llevar por las modas de los falsos ídolos, pero Cristo es la luz de la ternura, de una vida hondamente arraigada en la verdad de Dios.

    Estos días sin lugar a dudas he sentido muchas emociones y sentimientos encontrados, ir de la mano del Señor a la Cracovia de San Juan Pablo II y Santa Faustina Kowalska.

    Muchos han sido los lugares donde se ha manifestado la gracia de Dios, con una oración profunda y sentida en el recuerdo de aquellos que hicieron tanto por nosotros y nos legaron lo mejor que tenemos que es la Fe, francamente somos unos privilegiados por ser Hijos de Dios.

    Esta vez éstas, han sido unas navidades diferentes, alejadas de los turrones, de los mazapanes y de las uvas, sintiendo la cercanía , el cariño y la fe del pueblo polaco, una fe muy viva arraigada en una espiritualidad muy profunda donde lo verdaderamente importante, estemos donde estemos, es que el Señor pase por nuestro corazón como una nueva pascua, como esa luz que brilla en un mundo de tinieblas.

    Seguir las huellas de un Santo como San Juan Pablo II ha sido todo un privilegio, en Wadowice su tierra natal, en el Santuario de Jasna Gora, donde tantas veces se arrodilló ante la Virgen Negra de Częstochowa como patrona del pueblo polaco, rostro de la montaña clara. Seguimos peregrinando hacia el Santuario de Kalwaria, donde tantas veces el Papa Santo y Magno visitaba a la Virgen de esta campiña polaca en los momentos de mayor dificultad para su vida, de niño, de joven, de sacerdote, de arzobispo de Cracovia y como Papa.

    Vivir y sentir el amor de Dios, visitando el Santuario de la Divina Misericorida y la Capilla de Santa Faustina Kowalska.

    Desde una oración profunda y sentida, encomendando al Señor a tantas almas a tantos mártires de nuestros tiempo, visité con mucho dolor el Campo de Concentración de Auschwitz-Birkenau, rezando ante la celda de San Maximiliano Kolbe, un hombre de Dios que verdaderamente dio la vida por el Evangelio.

    Estos días en Polonia han marcado mi vida, uno de los mejores viajes, una peregrinación a esta tierra de misericordia, días gozosos en el Señor, en la oración silenciosa , en el rezo de la divina misericordia y elevando aquellas cosas imposibles al rostro maternal de María a través del Santo Rosario, y que verdad es esa que quien a María ruega nunca queda desamparado, tenemos una Madre y es la que está en el cielo.

    Ante ti, Tú que me lees con frecuencia y aunque no conozca tu historia he puesto tu nombre al Señor en estas montañas del Trata.

    Y como, dijera San Juan Pablo II:

    ¡No tengaís miedo

    Abrid las puertas a Cristo!

    Totus Tuus Mariae

    Alberto DIago Santos