¿Ser joven y cristiano hoy?

Hay un tema que siempre emerge cuando un joven se declara cristiano hoy: la antigüedad.

Pudiera parecer, en la sociedad actual, que la Iglesia ya no tiene cabida. Que ser cristiano no es una forma de vivir “moderna y actual”. Algo que pertenece a siglos pasados, cuando la gente aún era ignorante y, por supuesto, menos inteligentes de lo que somos nosotros… ¿verdad?

Vivimos en un mundo joven deseoso de “vivir el momento y disfrutar al máximo del ahora, porque vida solo hay una”. La búsqueda de continuo placer momentáneo deriva en que nuestras vidas se conviertan en un frenesí de experiencias sin sentido, amontonadas y vacías.

Los niños y adolescentes no soportan ya el aburrimiento o el silencio. Necesitan música, móviles, videojuegos, deporte… Para estar en continua actividad. Esto implica que no tengan tiempo físico para pensar, plantearse cuestiones vitales y desarrollar su vida interior.

Si muchos jóvenes de hoy rechazan a Dios es porque han colocado otras cosas en su lugar. Ídolos materiales y humanos sobre las que construyen su vida y que, evidentemente, tarde o temprano se derrumbarán. Vivimos una continua crisis emocional entre adolescentes, inexplicable para muchos.

Mis amigos contemporáneos sufren constantemente un vacío abismal y una amargura espiritual que no logran entender. Esto los lleva a intentar sacar fuerzas por sus propios medios, a intentar olvidarse de su problema interior entregándose al alcohol u otros vicios y, en definitiva, a hacerse todavía más daño a ellos mismos y a las personas que los quieren.

Si vivimos tantos dramas es porque no podemos sostenernos por nosotros mismos.

El otro día, conversando sobre Dios y sobre la vida después de la muerte con un amigo que no cree (o que no sabe qué creer), llegó a la conclusión de que el sentido de la vida sería sencillamente “el placer humano”.

Esto nos lleva una vez más a no encontrarle un sentido profundo a por qué vivimos y cómo vivimos, y es que, si negamos la existencia de Dios todo pierde el sentido. Toda la ética humana, todas las normas y reglas, el sentido del bien y del mal… Todo se esfuma.

Mi recomendación para mis amigos jóvenes es que no se dejen engatusar por lo que la sociedad nos vende como “felicidad”. Que traten de descubrir a Dios en su vida y que entiendan que la Iglesia siempre ha sido, es y será una.

Encontrad también a Dios en el sufrimiento y los momentos difíciles. Está dispuesto a ayudaros y a quereros siempre. Pase lo que pase.

Jorge Chasco