Jesús en los detalles. Testimonio de Lucía Pacheco

    Soy Lucia, tengo 20 años y estudio psicología en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Actualmente estoy en el grupo misionero de la Iglesia Sagrado Corazón Misericordioso de Jesús (más conocida como la Iglesia de los Capuchinos)  y junto a mis hermanos busco vivir a Cristo, siendo servidores y mensajeros del Evangelio.

    En éstos días me encontré tratando de responder algunas preguntas referidas a lo que creía y habitaba en mi corazón ¿Qué era la Fe para mí?  o ¿Cómo la vivía? ¿De qué modo se manifestaba Jesús? ¿Cómo lo sentía? ¿Cómo buscaba vivirlo?

    Fue ahí cuando mi corazón entendió lo importante que era transmitir que Jesús siempre se hizo de mi estatura y me acompañó. Con jeans y zapatillas caminó conmigo. Sin necesariamente ser algo extraordinario se convirtió en un EXTRAORDINARIO DÍA A DÍA. Momento a momento, persona a persona. Se tornó en aquello que me gusta, también en lo que me llena, pero más aún, y de una forma maravillosa en lo que no me agrada, con el fin de enseñarme y moldearme.  Viendo todo lo que había hecho en mi vida, comprendí que no necesitaba pedirle a Dios que me impresione, porque Él ya estaba ahí, en lo sencillo delante de mis ojos. Ni tampoco necesitaba intentar impresionarlo yo a Él, porque me amaba así TAL COMO SOY… ¿Yo lo busco o Él ya me estaba esperando?

    Constantemente quiere ayudarme a mirar, sentir y hablar con Su corazón. A medida que pasa el tiempo siento que junta mis dones y les saca provecho, ama mis defectos y los transforma en Bendición. Únicamente necesita de mi «Sí »  confiado, paciente, amoroso y dispuesto a tener los horizontes abiertos e ilimitados, en amplitud, profundidad e intensidad…

    Un encuentro con las maravillas de Su cotidianidad, presentándose en cada sonrisa, en cada acto de dulzura, ¡¡¡Jesús es todo lo que está bien!!!

    Durante mi tiempo de servicio, el dejarme susurrar por Dios me enseñó a trabajar constantemente esto de «volar alto» – intentar ver todo desde SU mirada profunda -.

    Creo que la fe, como hijos de Dios, tiene que ser aquello que nos haga encontrar un fundamento, el cuál nos aferre a la Vida Eterna. Pudiendo desde toda nuestra humildad decir; » Jesús te doy todo lo que soy, VOS llevame lejos, pusiste muchos condimentos en mí cuando me pensaste, me regalaste mis dones ¿Que querés que haga con ellos?»

    No puedo ver, oír, ni mi corazón es tan grande como el tuyo para entender tus caminos, pero sé que si te amo, harás grandes cosas conmigo.

    “Las cosas que ningún ojo vio, ni ningún oído escuchó, Ni han penetrado en el corazón del hombre, Son las que Dios ha preparado para los que lo aman” (1Cor 2, 9).

    ME HAS LLAMADO A GRANDES COSAS.

    Ahí descubrí que es luego  cuando me subo a la barca de la misión, compartiendo ese día a día con la familia, los amigos, los compañeros de camino, hasta con los extraños. Es ese el momento que me toca enfrentar mi modo de ser, ver, sentir y hacer las cosas; mejor dicho, la palabra que me resulta mas sencilla sería «abrazar»,  abrazar eso que soy para  con paciencia, empeño y con la Gracia de Dios, transformarlo en cosas buenas. Que los demás vean a Jesús en mí. Es un constante salir por la puerta de atrás, siendo pequeños. Errando pero aprendiendo, como peregrinos al encuentro de Jesús sólo con el corazón. Es difícil, pero tengo que aprender  que será una decisión que tengo que tomar todos los días.

    Soy imperfecto, pero quiero sentirme amado por VOS, y salir a bendecir.

    Vivo mi fe cuando comprendo el poder del PERDÓN: que siempre las puertas estarán abiertas para volver, y que si Él me perdonó, cuánto más sanador será para mí saber perdonar y pedir perdón a los demás. Mi relación con Dios no es de temor, sino de Amor.

    Vivo mi fe al compartir con los que más quiero el valor del amor. En la aventura de ser misionera  no camino sola, estoy con hermanos, en Fraternidad. Ver todas las personas que Dios puso en mi camino desde pequeña me han hecho dar cuenta de que siempre soy bendecida, siempre hay alguien que Jesús usa para guiar mi viaje. ¡Hoy puedo decir que con ellos aprendo en familia a amar y a ser Iglesia!

    Vivo mi fe al levantarme, hacer mi rutina, y que ya por las cinco de la tarde yendo a la facultad, el sol me abrace con su calor, y ahí pueda mirar al cielo y dar gracias por otro día. CONTEMPLANDO.

    Vivo mi fe al intentar pensar dos veces antes de hablar. ¿Qué diría Jesús en mi lugar? (El 90% de las veces lucho para  que mi cara no diga lo contrario)

    Vivo mi fe en la Eucaristía, entiendo que Jesús me  regaló lo más hermoso, Él se quedó conmigo. Quiere que yo vaya a Su encuentro. Ese es mi alimento Espiritual, lo que me hace más humana y me acerca al amor de Dios.

    Vivo mi fe al aceptar con cariño lo que me tocó vivir durante mi camino; poniéndole flores a lo que dolió y entendiendo que mis procesos también son para bendecir a otros. “(…) pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, cuando hayas vuelto, deberás confirmar a tus hermanos” (Lc 22, 31-32). A veces el dolor debe ser compartido para ser comprendido.

    Vivo mi fe cada momento en el que hago un click y acepto que SOY SIN INTENTAR SER.

    Vivo mi fe cuando veo a Jesús en los demás, en cada acto de bondad. Quiero aprender a darle un valor especial a cada detalle, sin ser, tal vez, el que yo esperaba recibir.

    Vivo mi fe en la Oración. Teniendo una cita con Jesús, mostrándole mi corazón, Él ya lo conoce pero quiere que yo le cuente todo.

    Vivo mi fe al dar gracias profundas por regalarme a María, mi mamá, que siempre me abraza con dulzura y me acompaña en el camino del ¡Sí! ¡Tan grande y hermosa Ella!

    Vivo mi fe con el Espíritu Santo iluminando mi caminar y dándome las respuestas para todo momento.

    Resumiendo, Jesús es un Dios de los detalles.

     ¡Mi mejor versión la encuentro ahí, en el servicio, en la imperfección y en la grandeza de la Gracia de Dios, en el momento en donde Jesús me toma de la mano y me invita a bailar con Él!

     

                                                             Lucia Pacheco