¿La Fe se hereda?

    Me llamo Lucía, tengo 22 años y soy de Cartagena, Murcia. Me mudé a Madrid con 18 años para iniciar mis estudios y actualmente estoy en el 4º curso del doble grado de Criminología y Trabajo social en la Universidad Pontificia de Comillas.

    Cuando me preguntaron si quería dar mi testimonio para esta página de Jóvenes a la cual sigo desde sus inicios por redes sociales, me sorprendió. Antes de decir que si o que no, quería hacer saber que no había tenido ninguna experiencia humana y milagrosa emocionante que me hubiera hecho empezar a creer en Dios y que pudiera ser llamativa para los lectores, hasta que me di cuenta de una cosa. El verdadero milagro es el hecho de que, desde pequeña, Dios ha estado presente en cada uno de mis días, y encima por decisión propia. No nos tiene que pasar nada fuera de lo normal en nuestra vida para que nuestra historia de Fe sea más importante que la de los demás.

    Vengo de una familia cristiana. Desde pequeña, mis hermanos y yo hemos ido educándonos en la fe gracias a mis padres. Crecimos y seguimos haciéndolo con valores cristianos, por lo que poco a poco hemos ido adoptando la religión como algo normal y rutinario en nuestro día a día. De ahí la pregunta que me hice… ¿es la fe algo que se hereda?

    Cuando somos pequeños no somos muy conscientes de lo que realmente significan las cosas. Hacemos lo que hacemos porque se nos impone o a veces se nos exige, pero es cuando vamos creciendo cuando empezamos a preguntarnos el por qué de las cosas. Este fue mi caso.

    Durante mi adolescencia fui al Colegio Maristas. A pesar de ser un colegio religioso, la mayoría de mis amigos no lo eran. Me encontraba con 14 o 15 años rodeada de gente que no creía en Dios y a veces incluso, me daba vergüenza decir que iba a misa. No me di cuenta de esta barbaridad hasta años más tarde.

    Realmente no mentía sobre mi vida, pero una parte de ella la ocultaba. Todas las tradiciones u obras religiosas a las que acudíamos mi familia y yo no las comentaba con nadie, ya que sabía que no iban a entenderme. A veces me sentía incomprendida y que no podía expresarme libremente como yo era. Le empecé (aunque suene feo) a “coger manía” y hasta me quejaba cuando tenía que ir a misa los domingos. ¿Realmente quería tener una vida basada en la fe? ¿o era porque mis padres me lo habían enseñado desde pequeña?

    Esto cambió radicalmente cuando me mudé a Madrid. Los nuevos comienzos tienen de bueno que partes desde cero. Conoces a gente nueva, la elijes en función de tus gustos. No te imponen amistades. Tú vas creando tu círculo cercano con quien realmente te sientes tú. No hay que fingir. Así fue cuando en el colegio mayor empecé a conocer a gente. La mayoría eran niñas de mi edad, y todas o la mayoría, religiosas. La religión y la fe eran algo normal, ya no me sentía extraña ni diferente. Acudíamos a misa juntas cada domingo y empecé a ver otra realidad. La misa de las ocho de la tarde estaba repleta de gente joven, no acompañados de sus padres. ¿Qué estaba pasando?

    Así fue como empecé a tener más confianza en mí. Ya sabía lo que quería pero el contexto y la inmadurez de los años anteriores, no me hacían ver realmente lo importante y trataban de esconder una parte de mí. La gente no me juzgaba por creer más o menos en Dios, al revés, podía compartir cosas y era una nueva sensación para mí.

    Los años pasaron y como a todos nos ha pasado alguna vez y nos seguirá pasando, la vida nos da lecciones. Pasamos peores y mejores momentos, y cada vez me daba más cuenta que Dios siempre estaba presente y que no hubiera superado o vivido estas experiencias de la misma manera sin Él. Y la verdad es que no lo hubiera querido.

    No entiendo la fe como algo en lo que tengo que creer para conseguir una vida plena y llegar al cielo algún día, sino como un camino que he escogido yo libremente. Un camino de amor, solidaridad, esperanza y más amor del que quiero ser partícipe cada día más. Dios es alguien que me ayuda día a día a ver el mundo con otros ojos, a valorar más las cosas y a escuchar y ayudar a los demás.

    Con respecto a la pregunta que me hice nada más comenzar a escribir la respuesta es NO. En mi opinión no se es religioso solo porque tus padres o tu familia lo sea. Creo que eso te influye al principio pero siempre llegará un momento en nuestra vida que nos haga replantearnos y buscar lo realmente queremos. Será nuestro momento de decisión personal. Yo elegí este, y cada vez estoy más convencida de que me sería imposible concebir una vida sin la presencia del Señor.

    Lucía Orts Bas