Decirle que sí a Dios es toda una aventura. Giovanna Portilla

    Me llamo Giovanna, soy ecuatoriana y profesionalmente me dedico a la cosmetología. He estado pensando un buen rato cómo contarles la manera en la que vivo mi fe, no sabía qué escribir porque tal vez quería contarles algo especial o fuera de lo común, pero no encontré nada, hago lo mismo que hacemos todos pero he aquí el asunto, hago las cosas ordinarias que hacemos todos pero trato todo el tiempo de tener presencia de Dios mientras las hago y ofrecérselas a Él y así hacerlas divinas, trascendentes.

    Trato a Jesús como un amigo muy cercano, el mejor de todos, y le cuento todo lo que hago, lo que me gusta, lo que no me gusta, que tengo pereza, a veces ganas de llorar, que me siento muy feliz por tal y tal cosa, siempre con la naturalidad de alguien que se siente acompañado todo el tiempo por el amor de su vida.

    Considero muy importante también para vivir mi fe los sacramentos. Misa diaria, confesión y otros actos de piedad que me hacen sentir durante la jornada la cercanía de Dios. Les recomiendo el Rosario, para crecer en amor a nuestra Madre, ella nos mantiene siempre muy cerca del corazón de su Hijo.

    Cuando amamos mucho a Dios este amor nos sobrepasa, nos supera, nos traspasa, es como si se regara por todas partes y necesitas dárselo a alguien más. El apostolado es una manera también muy efectiva de mantener viva la fe. Dios nos mima un poquito cuando vemos que un amigo nuestro se acerca a la confesión después de mucho tiempo o empieza a ir a Misa los domingos; y digo nos mima porque eso da una felicidad tremenda, uno se siente un siervo fiel que aunque con muchas miserias ha sido valiente para poner la cara y dejar que Dios hable a través de nosotros alcanzando a los que amamos.

    Los cristianos somos la sal del mundo, no necesitamos hacer cosas extraordinarias ni raras, sino mezclarnos con todos, y realizar nuestras actividades normales pero poniendo todo nuestro amor en ellas para ofrecérselas con Jesucristo al Padre. Debemos ser los mismos en Misa y en el trabajo, sin dobles caras ni hipocresías. Cristianos de una sola pieza como decía San Josemaría. Nuestra vida coherente y alegre será atractiva para los que nos rodean y así podremos acercarles a Dios.

    Decirle que sí a Dios es toda una aventura, es lanzarse al vacío confiando en que Él nos va a sostener en cada momento. No basta con decirle que sí una vez, es un compromiso que se debe renovar día tras día, incluso cuando no entendemos su voluntad en nuestra vida. Pero Dios recompensa aquí en la Tierra a quienes son generosos con Él y le son fieles, llenándolos de felicidad – independientemente de las situaciones externas- de esa felicidad que cala en los huesos y no se aparta jamás de nosotros.

    Giovanna Portilla