Carta desde la cárcel

    A veces, celebrando la Navidad nos olvidamos un poco del verdadero sentido de estas fiestas, no sólo nace un Niño, sino que con el nacimiento de ese Niño nacieron también segundas oportunidades para el ser humano, se empezaron a abrir muchas puertas y el mundo, desde entonces, no deja de cambiar a pasos agigantados!

    Los caminos de Dios pocos los entienden, ni yo misma a veces, hay tantas vidas inocentes y las que han dejado de serlo que también lo fueron alguna vez, pues uno/ una nace con algo especial, ese algo especial es luz, ganas de saber, aprender absorber de todo lo que este mundo nos ofrece y todo nos parece maravilloso y sorprendente, aunque muchas veces pasa que, desde el principio de nuestro camino aquí, lo que vemos y absorbemos es triste y doloroso, cuando sin saber por qué te hacen daño, entonces de alguna forma enterramos a ese niño/ niña, mudamos de piel y nos protegemos. ¿Cómo? respondiendo de la misma forma, a veces conscientes otras no! Vamos como ciegos por la vida porque si la multitud no puede tenderme la mano y ayudar a que me levante, y sigue aplastándome y pisoteándome, entonces me levantaré y daré, precisamente eso, golpes de ciego, pero me haré paso en el camino, y así podré levantarme y seguir hacia delante. Algunos dirán: -Es lo que siempre has tenido que hacer, y te animan. Después gritan otros: -Sinvergüenza, malo o mala, llamándote con mil adjetivos más. Los miras a estos últimos y muestras una sonrisa para no perder la compostura y defender las murallas que corroen tu ser y lo peor es que no te das ni cuenta. Todo sale mal, quieres amar pero no puedes, quieres ser feliz, y esta felicidad se desvanece entre manos como la arena!

    Llega un momento en que nada te complace ni te hace esbozar una sonrisa, esa sonrisa con la que una vez reías con todas ganas, una sonrisa que contagiaba a las demás porque sonreías con verdad.

    Hay un momento para cada cosa y este año es el mejor para empezar a crecer y reconciliarnos con ese niño o niña que un día encerramos llorando dentro de nuestra propia prisión y mostrarle al mundo ¿qué es? lo que le hizo tanto daño, entonces entenderá por qué lo he hecho yo y, lo mejor de todo, una vez perdones y te perdones a ti mismo/ misma, que no es camino fácil, pero sí es el camino de los que por ese esfuerzo obtendrán su gran victoria, que esa felicidad, esa luz que al final necesitamos todos.

    En un día así, hace 2020 años, nació un Niño lleno de luz y aún hoy en día nos acordamos de Él, no porque todo el mundo entero lo apaleó para al final crucificarlo y reírse de Él, sino porque ese Niño, a pesar de lo que el mundo le hizo en aquél entonces, nunca se olvidó de su verdadero proceder, cuidando esa luz que había dentro de Él y, con una gran diferencia de nosotros, Él sabía que iba a recibir esos golpes y, en vez de huir, los recibía con un Perdón para que la oscuridad no pudiese de esa forma corromperlo y hacerlo tambalear.

    Y ese debería ser nuestro propósito este año, volver a despertar a ese niño o niña que tanto tiempo lleve dormido/da en nosotros o nosotras sacarle las lágrimas y volver a hacerle sonreír. ¡Porque no hay mejor cura para el alma que reír desde y con ella! Si no de la otra forma ¿en qué nos diferenciaríamos de los que llamamos los malos de nuestra propia historia? Y creo que todos tenemos algún villano en nuestras vidas, puede ser persona, sentimiento y circunstancia y si realmente deseamos ver cambios en nuestras vidas para conseguir aquello que añoramos, primero ¡debemos cambiar nosotros! y el resto llegará cuando menos lo esperemos.

    ¡Feliz Navidad, os deseamos que este año celebremos cada día las necesidades de nuestro niño que todos llevamos dentro!

    De nuevo les damos la gracias de parte de todo el módulo 8 de mujeres!

    Dios los bendiga!!!

    Olena