Dios nunca se rindió conmigo. Nerea Urueña

    “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.” – Benedicto XVI.

    Mi nombre es Nerea, tengo 23 años y acabo de terminar la carrera de educación primaria. He querido empezar con esta frase porque para mí la fe no ha sido algo que he vivido desde pequeña. A pesar de estar bautizada y haber hecho la comunión cuando me tocaba, no sentía que la fe era algo que me caracterizaba, de hecho, vivía como tal. Pese a que teóricamente era cristiana, no tenía ni idea de lo que en realidad significaba. Sin embargo, Dios nunca se rindió conmigo, no dejó que me olvidara de Él y así me lo ha demostrado a través de distintas personas y acontecimientos que me han llevado a un encuentro con Él, con un Dios que no era el que yo pensaba. Durante los últimos años he podido conocer a un Dios de amor y misericordia que siempre ha estado conmigo, incluso en los peores momentos, a pesar de no haber sentido su presencia. Pero sobre todo he descubierto a un Dios que a diferencia de lo que erróneamente se piensa, es un Dios que siempre me ha estado esperando pacientemente, sin juzgarme; y cuando he acudido a Él, siempre, siempre me he sentido querida y perdonada.

    Para mí la fe es un regalo y como tal, intento cada día cuidarlo y mantenerlo, pero no es algo que yo pueda hacer sola. Lo que más me ayuda a vivir la fe es la gente que me rodea, desde mi padrino de confirmación (que también es mi director espiritual) hasta mis amigos (tanto los que creen como los que no). Me siento muy afortunada por tener personas a mi alrededor con las que puedo hablar de la fe sin complejos, compartir experiencias y hacernos preguntas sobre temas que nos acercan cada vez más al Señor. También es una suerte tener personas en mi día a día que no han conocido a Dios porque para ellos puedo ser instrumento del Señor, puedo ser reflejo Suyo y que a través de mí descubran, como yo hice hace unos años, quién es realmente y cómo te cambia la vida cuando empiezas a vivirla junto a Él, con plenitud.

    Según lo que he escrito ahora pensaréis que tengo una vida de camino de rosas, pero la realidad es que tener fe no supone que las cosas sean fáciles, o al menos de forma objetiva. Mi vida tiene las mismas dificultades que las de cualquier otra persona, yo también tengo días que ni si quiera me apetece salir de casa, pero la diferencia de vivir estos momentos con fe es que siempre que me encuentro así, lo primero que hago es contar con Él y eso da mucha paz y cambia la perspectiva de ver las cosas.

    Además de las personas que me hacen vivir la fe, sería imposible mantenerla si no tuviera en mi día a día una relación personal con el Señor. Por eso, siempre que puedo voy a Misa, a adoraciones del Santísimo o a charlas de formación porque es ahí donde puedo seguir conociéndole más, aprender a amarle y en consecuencia, vivir una vida donde Él está en el centro, porque eso es lo que realmente me hace feliz. Y como me hace tan feliz vivir así, con plenitud, también me gusta transmitirlo a los demás y la mejor forma que tengo es viviendo con la alegría de llevar a Cristo conmigo, porque ser una joven cristiana en el siglo XXI no es fácil pero merece la pena. Ojalá que todos los jóvenes como yo (que somos muchos aunque la gente no lo crea) podamos ser instrumentos de Dios, que no nos dejemos llevar por el miedo al qué dirán y transmitamos la VERDADERA felicidad.

    Nerea Urueña Torres