Reencontrarse con Él. Testimonio de Alba Segura

    Hola a todos!! Me llamo Alba, tengo 26 años y soy abogada. Mi parroquia aquí en Madrid es la Basílica de la Concepción de Nuestra Señora o como nosotros la llamamos cariñosamente, La Concha.

    Aunque siempre he sido creyente, en los últimos dos años mi fe ha ido creciendo más cada día. Estaba dormida, perdida… no sé muy bien cómo definirlo. Durante unos ejercicios lo vi claro, todo este tiempo que yo había estado perdida el Señor no me había abandonado. Estaba ahí esperándome, esperando hasta que cayera en sus manos para devolverme al camino que no había sabido ver. Si os identificáis con esto, os diré que no es un camino fácil. Sin embargo, no estaréis solos nunca.

    Un domingo entré en La Concha y Don Napoleón dio un aviso: “Recordad que aun podéis apuntaros a los grupos de jóvenes”. Aquel día no hice nada pero el siguiente domingo, me acerqué a él, me presenté y dije que quería unirme a aquello. La semana siguiente estaba sentada con Napo hablando de mi vida y mis motivaciones.

    Pronto empecé a conocer a gente y unirme a las actividades de la parroquia hasta que entré en el grupo del coro (¡¡¡¡). Nuestro flamante coro de jóvenes, el coro I Thrist, que cada día me recuerda que hay muchas formas de llegar hasta el Señor y hacerlo a través de la música es simplemente maravilloso. Además, el canto sacro que ofrecemos todos los domingos en la última hora, ayuda a otros jóvenes a conectar con Dios y a tener un momento de reflexión durante la misa.

    No solo la parroquia me ha ayudado a arraigar mi fe. Mi novio es un pilar fundamental en todo esto. A través de diferentes lecturas, damos forma a algo precioso, y si Dios quiere muy fructífero, que es el noviazgo cristiano. Juntos hacemos un taller de novios una vez al mes que nos ayuda a forzar conversaciones que quizás de otra manera evitaríamos o retrasaríamos. Compartimos los mismos valores y creencias, conocemos los valores de la humildad y el respeto y, sobre todo, sabemos que somos seres muy amados y hechos para amar al prójimo.

    Hace no tanto tiempo, me daba vergüenza defender mis creencias ante aquellos que no eran creyentes. Sentía que no tenía suficientes argumentos para hacerlo y que acabaría mal parada. Sin embargo, desde que he empezado este nuevo camino de fe me siento con más fuerzas, con más argumentos para defender lo que realmente me hace feliz. Solo cuando te sientes profundamente amado eres capaz de hacerlo.

    Nosotros hemos conocido y hemos creído en el amor que Dios nos tuvo. Dios es amor: quien conserva el amor permanece con Dios y Dios con él.”

    1 Juan 4:16

    Muchas gracias a Jóvenes Católicos por brindarme esta oportunidad. Espero que este pequeño relato pueda inspirar a otros.

    Alba Segura