Los de su pueblo saben muy bien quién es Jesús y de dónde viene: es uno más, uno como ellos, que curiosamente alardea de ser algo grande. Sus palabras apuntaban que era un vanidoso y que, aunque en la vida corriente no manifestase su orgullo, lo que decía era inequívoco. Todo esto se traduciría en unas palabras: –¿Pero éste quién se ha creído que es? Está convencido de que es el gran Profeta esperado.

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