«Sólo una cosa es necesaria». Clara Galindo

    ¡¡Hola!! Me llamo Clara y tengo 23 años. Soy de Valdemoro, un pueblo de la Diócesis de Getafe y estudio ingeniería química en la UPM. Y bueno, una chica normal de parroquia que no tiene mucho que decir más que es ¡hija muy amada de Dios!

    Desde pequeña el Señor me ha regalado un cierto gusto por sus cosas y digamos que nunca se me hizo demasiado cuesta arriba ir a Misa o a catequesis Fui creciendo y participando en las peregrinaciones y campamentos que se organizaban en mi parroquia y ahí fue donde descubrí lo que os decía arriba, soy hija de un Dios que me quiere con locura. Y os puedo asegurar que está loco de verdad porque me conozco y que si no lo estuviera tanto, no me querría así

    Cuando me pidieron que escribiese estas líneas mi cabeza empezó a dar vueltas cual tiovivo en qué deciros. ¿Qué quiere Dios que yo os diga con mi vida? Esa es la pregunta que me perseguía y a la que, con más sencillez de lo esperado, parece que he encontrado respuesta: Solo una cosa es necesaria. Así de simple que no quiere decir que sea sencillo

    Más o menos son las palabras que Jesús dirige a Marta de Betania y que han sido, y son, muy claves en mi vida de fe porque muchas veces me enredo en mil tareas y mil cosas y necesito que el Señor me recuerde que sólo Él es necesario, que su gracia basta, que su amor es más que suficiente. Tantas veces necesito que me diga que sin Él no podemos hacer nada y que hasta los cabellos de nuestras cabezas están contados, que nada se le escapa, que solo una cosa es necesaria Y creo que la manera favorita de Jesús para recordárnoslo es ¡en la Eucaristía! Allí donde Él se hace pequeño y necesitado es donde mejor dice sólo Yo soy necesario. Es paradójico ¿verdad? Justo cuando más vulnerable y más pobre es, cuando se entrega completamente, es cuando más claro y más alto dice sólo Yo. Os diré que lo que parece tan maravilloso es un tanto difícil de vivir porque requiere de abandono, de confianza y de más valentía de lo que parece pero que, escucharle decirlo, es lo mejor que me ha podido pasar en la vida. Que no se me ocurriría cambiar ni el más mínimo agobio que haya podido tener por no ser capaz de entenderle o por verme tan pequeña ante tanto amor ¡por nada!

    Seguir a Jesús es algo serio, de hecho es lo que más en serio deberíamos tomarnos; ser cristiano es exigente, que no te engañen, pero sumamente apasionante. No a ti pero a mi algo mediocre y sin desafíos, con miras cortas, sin cierto riesgo o que se agote, que canse ¡no me parece suficiente! He probado vivir sin Él, he probado sepárame de su lado e incluso he intentado convencerme de que no existía y os digo que no era suficiente cuando Jesús pregunta a sus apóstoles: ¿también vosotros queréis marcharos? He respondido muchas veces que y, como el joven rico, también me he quedado triste. Y es que cuando tienes la inmensa suerte de conocer a Aquel que lo renueva todo, nada puede ser lo mismo, nada te parece suficiente.

    Jesús no me ha pedido nunca nada que Él no me haya dado antes, nunca me ha exigido estar donde su gracia me faltara ni me ha recriminado la paciencia que tiene que derrochar cada vez que me ve gastándome en mil cosas sin Él. Todo lo contario. Aunque muchas veces me cueste verlo o incluso Él permita que no lo vea y vaya un poco a tientas, su misericordia desborda siempre. Por eso yo te diría hoy como Jesús a Marta: solo una cosa es necesaria. Búscale, cánsate de buscarlo, háblale, discute con Él lo que no entiendas y hasta enfádate si quieres y cuando por fin te rindas y te abandones entonces le dejarás hacerlo todo nuevo, solo entonces Él podrá hacerlo. Puedes estar seguro. Si lo ha hecho conmigo ¿por qué no contigo?

    Da conmigo gracias al Señor porque es bueno, porque su misericordia ¡de verdad! es eterna.

    Clara Galindo