Lo importante es amar a Dios y a los demás. Jaume Vives

Muchos conocéis a Jaume Vives por su implicación en la política catalana haciendo mucho ruido contra la independencia. Pero Jaume tiene una historia de conversión muy potente y se la ha contado a la Revista Misión en una entrevista.

Con 13 años ya era un elemento y quebradero de cabeza para sus padres. Probó de todo, se rebeló contra todo y con 14 se escapó de casa, durante una semana, y llegó a dormir en portales.

Pero… «La Providencia quiso que una noche, mientras estaba de jarana, me encontrase con los Jóvenes de San José, que estaban ayudando a la gente que vivía en la calle. Entre ellos había un chico que conocía y me invitó a acompañarles. Estuvimos hasta las 3 o las 4 de la madrugada ayudando a los pobres de Barcelona, y ellos les escuchaban, les hablaban de Dios, vi cómo durante la semana les habían buscado trabajo, o un piso… Cuando llegué a casa, dormí bien por primera vez en mucho tiempo.  Y pensé: “Yo quiero ser feliz así, como estos tipos”.

Sus padres le habían dado el ejemplo de una profunda fe, en la que el Señor era el centro de sus vidas, y este testimonio empezó a aflorar en su corazón. Hizo un viaje a Medjugorje con unos amigos, aunque llevaba años sin pisar una iglesia. En un momento dado, para asombro de sus amigos, sintió la necesidad de confesar y ahí cambió su vida. «Fue un cambio paulatino, con picos y caídas. Pero lo bonito es saberte amado por el Señor incluso en esas caídas».

Descubrió que «lo importante no es el trabajo o tener una casa bonita, que ojalá puedas tenerla, sino amar a Dios y a los demás lo mejor que puedas, sabiendo que aquí estamos de paso». Por eso da testimonio publico y comprometido de su fe porque la fe lo impregna todo. No entiende a los que la esconden.

Ha sido voz de los cristianos perseguidos en Irak o el Líbano: «hay un montón de cristianos con verdaderos motivos para ocultar que son cristianos, porque si muestran su fe, o los matan, o pierden su casa, su familia, su trabajo, sus amigos… O sea, todo aquello en lo que yo pongo mi felicidad. Y nosotros, que como mucho nos jugamos la reputación social, nos inventamos mil excusas –muy razonables, pero excusas– para ocultarnos … La diferencia es que ellos son fieles a Cristo, y a nosotros nos preocupa quedar bien con los hombres.»

«El ejemplo de los mártires de hoy te enseña que si merece la pena morir por Cristo, merece la pena quedar mal ante los demás.»

Te recomiendo que leas la entrevista completa en la Revista Misión