¿Olivia, serías capaz de entender el día a día sin tu Fe?

Me llamo Olivia, tengo 23 años soy de Madrid y estudio 6º del doble grado en Biotecnología y Farmacia en la Universidad Francisco de Vitoria. Estáis leyendo estas palabras porque hace unos días me preguntaron si quería colaborar con Jóvenes Católicos compartiendo un testimonio personal sobre como vivía la Fe. Sin dudarlo, y llena de ilusión conteste que sí.

Empecé a darle vueltas a cuál era la idea principal que quería transmitir, y obviamente se me ocurrieron mil cosas que mencionar, pero todas ellas me parecían demasiado obvias y quizás no lo suficientemente personales. Fue entonces cuando me hice a mi misma la siguiente pregunta: ¿Olivia, serías capaz de entender el día a día sin tu Fe?

Puede ser una pregunta muy sencilla, pero ha sido realmente reveladora, y desde mi perspectiva mucho más fácil de contestar. Mi respuesta es un no rotundo, en mayúsculas, negrita y subrayado. Quizás el hecho de haber nacido en una familia católica, haber ido toda la vida a un colegio de monjas, y ahora ir a una universidad en la que Dios está tan presente han ayudado a afianzar estas creencias, pero también pienso que como todo en esta vida la Fe es una de las muchas elecciones que tomamos, y llega en punto en el que el mero hecho de haberte criado es unas tradiciones no es motivo suficiente para muchas
personas como para mantener determinadas ideas vivas en el corazón. No sabría decir en que momento exacto aposté por poner la Fe como uno de mis pilares fundamentales, pero desde luego puedo asegurar que ha sido una de esas apuestas en la que sabes que solo puedes ganar.

Desde mi punto de vista la Fe es algo que vas construyendo poco a poco. No todos los días uno es capaz de ver, ni mucho menos entender el porqué de situaciones que se dan en nuestras vidas, y es en estas situaciones cuando encuentro el máximo sentido a mi Fe. Es el sentir de la manera más real posible las palabras “Dios proveerá”, que tantas veces le he escuchado decir a mi madre. Es el dar un salto al vacío, estando segura al cien por cien de que hay una red de amor infinito que siempre estará para recogerme. Es la Luz que me alumbra en los momentos más oscuros, cuando estoy perdida, guiándome en el camino, o la que me ayuda a ser luz para aquellos que lo necesitan, porque, que egoísta seria no compartir con los demás algo tan grande. Algo tan grande, pero a la vez tan íntimo y personal, ya que otra de las cosas tan bonitas de la Fe es que, aunque millones de personas más crean en lo mismo que yo, ninguna siente lo mismo puesto que la Fe es un regalo del cielo que va con nombre propio, y sin duda alguna te hace sentir la persona más especial del mundo. Y sin duda, es la mejor garantía de que el amor que Dios nos tiene no se acaba nunca, por difícil de creer que nos parezca.

Como he dicho antes, sigo pensando que la Fe es algo que vamos construyendo a lo largo de nuestra vida, por lo que es básico que sentemos unos buenos cimientos, porque ningún arquitecto empezaría una casa por el tejado, por lo que aplicando esta filosofía a mi día a día, creo que los pequeños gestos muchas veces son muy grandes, y son muy buenos ladrillos para esos cimientos. En mi caso, son los momentos de oración diarios, intentar dar gracias a Dios antes que pedir y tener siempre a la Virgen presente, como ejemplo, como fuerza y como Madre.

Y después de toda esta reflexión, solo puedo concluir con un versículo de la Biblia que creo que resume a la perfección la idea que he intentado transmitir: “La Fe es garantía de las cosas que esperamos y certeza de las realidades que no vemos” Hebreos 11:1.

Olivia Romera Rincón