¿Lo bueno o lo mejor?

Nos acercamos al final de la exhortación con un tema candente, de vital importancia: el discernimiento. Es un tema, previo a la vocación y que va de la mano. No hay vocación sin discernimiento. En el capítulo anterior hablamos y vimos cómo el mundo actual tiene ansia de dar un sentido a su vida, pero se encuentra ahora con un problema: necesita pensar en ello. Y para hacerlo necesitar tiempo, paciencia, oración… Pero parece que el mundo actual tiene poco o nada de eso.

No es que no tengamos, que lo tenemos, y en abundancia.  EL problema es, que el demonio está por detrás pinchando. Primero con la idea de que no tenemos tiempo, y segundo quitándonos la atención con múltiples distracciones , porque sabe que es un aspecto de nuestra vida, que si lo descubrimos, estaremos un poco más cerca de Dios, pero que  “Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento. […]”(CV 279). De un buen discernimiento depende “el sentido de mi vida ante el Padre que me conoce y me ama, el verdadero para qué de mi existencia que nadie conoce mejor que Él» (CV 280).

¿Pero cómo hacer un buen discernimiento? Pienso que podrían resumirse en estos siguientes 4 puntos.

  1. Formar la conciencia” (CV 281), practicando habitualmente el bien” (CV 282).
  2. Reconocer los dones recibidos por Dios y dónde puedo ponerlos mejor al servicio de los demás. Puede ayudar en este punto, leer la meditación de San Ignacio: “ Contemplación para alcanzar amor”, de los Ejercicios Espirituales.
  3. Tener un padre espiritual que te conozca y te vaya guiando. Plantearle las dudas con honestidad. Una vez planteadas, toca escuchar. “Solo quien está dispuesto a escuchar tiene la libertad para renunciar a su propio punto de vista parcial o insuficiente. Así esta realmente disponible para acoger un llamado que rompe sus seguridades pero que lo lleva a una vida mejor”(CV 284).
  4. Plantearse preguntas. Cuantas más, mejor. Me dijo un sacerdote una vez: Dios pide donde bendice. Creo que es verdad. Hacerse las preguntas con esta frase de fondo.¿Donde he visto que he crecido como persona? ¿Me hace bien el ambiente en el que me muevo? ¿Me ayuda a acercarme más a Cristo, a estar más pendiente de los demás, el trabajo que realizo? Estas son solo algunas de las múltiples posibles. Pero “estas preguntas tienen que situarse no tanto en relación con uno mismo y sus inclinaciones, sino con los otros, frente a ellos, de manera que el discernimiento plantee la propia vida en referencia a los demás […]Él quiso que seas también para los demás y puso en ti muchas cualidades, inclinaciones, dones y carismas que no son para ti, sino para otros” (CV 286).

Se acerca Navidad. Puede ser un buen momento para pedirle al Niño Jesús, que nos ilumine acerca de cómo dar sentido a nuestra vida, para que con ella todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad.» (Ejercicios Espirituales nº 46)

Pablo Navarro