Cuando nos habla el silencio

Nunca he escrito sobre la Virgen María. Pienso en ella todos los días, pero muchas veces no me dirijo a ella porque siempre hay excusa de algo que parece más urgente.

Cuando tenemos a personas tan cerca, gente que podemos tocar, abrazar, besar… se nos hace difícil ser conscientes de que exista otras maneras de relacionarnos con las demás, y por supuesto, con nuestra Madre en el cielo.

Al igual que con las personas, con Ella o con Jesús, a veces nos cuesta sentirlos cerca, a veces hay demasiado silencio. Aunque parte de esas veces cabría preguntarnos si somos nosotros los que quizás no sabemos escuchar, o no nos gusta lo que escuchamos.

El silencio es  tan aterrador como la soledad. Pero a veces es tan necesario como la misma.

Muchas veces pienso cuántas veces estoy en silencio, y la verdad es que no tantas como debería.

¿Nos da miedo estar en silencio con nosotros mismos? Yo creo que así es en muchas ocasiones.

¿Nos da miedo escuchar nuestra conciencia en ese silencio? Es probable.

¿Qué nos diría esa conciencia? Y si la tememos, ¿por qué no actuamos de acuerdo a ella para poder aceptarla cuando nos habla? Demasiado esfuerzo, pide demasiado, no quiero escuchar más exigencias de las que ya me demandan en casa o en el trabajo. Si es así, entonces, ¿por qué nos esforzamos tanto o por qué se esfuerzan tanto nuestros padres en educar esa conciencia en el bien? ¿Por qué esforzarse en tenerla si no vamos a escucharla de todas maneras?

Son demasiadas preguntas, con respuestas complicadas, o no, depende de como se mire. Pero quizá por eso existe el silencio, y quizás por eso a veces Dios está en silencio, porque antes de escucharlo a Él, tenemos que escuchar nuestra propia conciencia, tenemos que examinarnos a nosotros mismos, para estar preparados para Sus respuestas. Porque serán respuestas que requieran al menos un poco de esfuerzo por nuestra parte.

¿Por qué nos pide cosas que siempre requieren esfuerzo? Si yo tuviese que responder a esa pregunta, diría que sólo cuando te esfuerzas y pones tu corazón en algo, es cuando tienes esa sensación de logro, de conquista, y haces de esa meta algo tuyo, y Dios sólo quiere que conquistemos la vida para poder vivirla en plenitud, para hacerla nuestra, coger las riendas y disfrutar de esa libertad, que será una libertad verdadera porque aprenderemos a usarla para cumplir la voluntad de Dios, y por tanto la voluntad de alguien que sólo quiere nuestra felicidad, aunque nosotros nos empeñemos en no verlo.

Así que aunque esos silencios nos den miedo, no los temamos, porque si los usamos bien, después de esos silencios vienen las respuestas correctas.

Mai García.