Fátima, un pedacito del cielo en la Tierra. Cecilia Fernández

Mi nombre es Cecilia, tengo 18 años, soy sevillana e ir de peregrinación a Fátima me cambió la vida. Vengo de una familia creyente, aunque no muy practicante. De una forma u otra, el Señor, un día quiso que le conociera mucho más intensamente y para ello, tuve mi primer encuentro personal con Él en la capilla de mi parroquia hace unos seis años. A pesar de haber tenido algunos encuentros más antes de ir por primera vez a Fátima, fue éste el que realmente lo cambió todo.

Cada día tengo más claro lo que nos ama Dios, no solo porque diera su vida por nosotros -que ya es bastante de por sí…- sino porque es increíble cómo nos conoce tanto, tantísimo que sabe todo de nosotros, sí, absolutamente todo. Sabe qué necesitamos y cuándo, aunque ni siquiera nosotros sepamos ni qué nos pasa. ¿Qué chulo verdad? Así es ser cristiano.

El Señor nos va dando cruces a lo largo de esta vida; unas pesan más, otras menos…y yo estaba cargando con una cruz realmente pesada. Mi situación a nivel personal no era nada buena, tenía un nivel muy bajo de autoestima, andaba perdida ya que no me encontraba a mí misma y esto afectó incluso a mi salud física. Pero como Él es sabio, providencialmente en febrero de 2017 fui de peregrinación a Fátima con Jóvenes por el Reino de Cristo. Yo no conocía a nadie allí ni sabía de qué iba exactamente.

De primeras, el ambiente me llamó mucho la atención pues eran jóvenes super alegres, en el bus no paraban de cantar y en la forma en que se relacionaban conmigo eran muy majos. Incluso puedo decir que veía a Dios en cada uno de ellos por la forma en que me acogían.

Empecé a notar como la Virgen me hablaba directamente a mí con el himno de la peregrinación cuya letra decía al principio: “quisiera poder compartir todo lo que he llorado, el tiempo de soledad se ha terminado”. Aunque, sin duda, la frase que más me gustó fue la de “llevas cien años rescatando corazones en Fátima lugar de conversiones” pues realmente la Virgen rescata almas -y por consiguiente vidas- convirtiendo a la gente.

Cuando llegamos a la Capelinha (donde se encuentra la virgen) sentí que no paraba de decirme que confiara en Ella, que me estaba arropando, que estuviera tranquila y que todo iba a salir bien. Sin duda fue un encuentro intenso, me emocioné y no podía parar de llorar; era como la luz en medio de la oscuridad.

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Este encuentro tan intenso no solo lo viví en la Capelinha estando delante de Ella, sino que, como dije anteriormente, veía a Dios en todos lados; en los jóvenes, en los sacerdotes, en los monitores, en los compañeros de los grupos de reflexión…incluso el propio pueblecito me transmitía una paz y tranquilidad enorme, sin duda la virgen estuvo allí, porque aquello es un pedacito de Cielo en la tierra. Esto no se iba a quedar ahí, en los cinco días de la peregrinación. Este encuentro caló de forma muy profunda mi alma y me llenó de abundante fe, fue un impulso muy grande ya que cada día crecía más mi inquietud por acercarme a Él y conocerle.

A día de hoy, no me imagino mi vida sin Jesús. Intento crecer cada vez más en la fe y hacer Su Voluntad lo máximo posible, aunque esto a veces resulte complicado por vivir en el mundo en el que vivimos -porque en Fátima con el ambiente que te rodea es muy fácil, pero día a día cuando no tienes ese ambiente es más complicado-; después de todo resulta muy gratificante y te das cuenta de que es el camino de la Verdad. Siempre digo que he sido muy afortunada de haber podido conocer a Dios…desde que esto sucedió, para mí todo lo que me ha ido ocurriendo en estos casi tres años han sido todo regalos. Y no precisamente porque haya estado siempre feliz, sino porque aprendí a descubrir al Señor también en el sufrimiento y el valor de éste para madurar en la fe. En este período lleno de tantas experiencias nuevas, he conocido a personas totalmente increíbles y también pude discernir mi vocación -que es formar una familia junto a un hombre con el que caminar unidos hacia a santidad-… ¿el secreto de todo esto? La oración constante.

Cecilia Fernández