¿Por qué creo? Testimonio de Natalia Rina

    A 30 de noviembre de 2019:

    Buenas, mi nombre es Natalia, tengo 21 años, soy de Gerona pero estoy estudiando 4º de Ingeniería Industrial en la UPC, en Barcelona; aunque estos meses estoy de Erasmus en la ETH, Zürich (Suiza). Me han pedido que escriba un testimonio sobre cómo vivo yo la Fe. Es un tema muy importante para mí del que podría escribir páginas y páginas pero intentaré resumirlo lo mejor que pueda.

    Nací en una familia católica, así que la semilla de mi fe la pusieron mis padres al bautizarme y al ser ejemplo de fe durante toda mi infancia hasta hoy. Para mí que unas personas tan queridas crean, me indica que hay algo ahí que tiene que ver con vivir la vida en plenitud como la viven mis padres.

    Al llegar a la adolescencia (sin rebelarme para nada) me empecé a cuestionar muchas dudas racionales que gracias a mi formación y a mi acompañante espiritual las fui respondiendo poco a poco. En esa época fueron un apoyo para mí todos mis amigos creyentes porque me daba cuenta que, aunque tuviera dudas, no estaba sola. Actualmente puedo decir que mi Fe tiene una base racional muy sólida, pues para mí todo cuadra, no hay nada de lo que crea que no tenga sentido. Hay Misterios que no se pueden entender con la razón, sí. Pero para eso sirve la Fe, que es un salto al vacío y de confianza que nos hace vivir en plenitud la Misión que Dios nos ha inscrito a cada uno en nuestro interior.

    Para mí un hito de mi vida de Fe fue el vivir en Gerona e ir a estudiar a Barcelona, sola. Y con sola me refiero que mi Fe dependía completamente de mí, no como hasta ese momento que estaba arropada por mi familia y amigos de toda la vida. El inicio de la universidad fue para mí la prueba de la verdad (como yo le llamo): el momento en el que se pone a prueba quién eres, cómo quieres vivir tu vida o si te quieres dejar mal influenciar por la sociedad que te rodea. Una decisión sencilla e importante, pero con constantes retos en el día a día. Yo decidí que apostaba por una vida de coherencia cristiana y así fue. Mis amigos de universidad son muy diferentes a mí, pero me respetan y me quieren tal como soy, que para mí es lo más bonito.

    La clave en mantenerse firme en la Fe que para mí ha sido saborear en diferentes momentos de mi vida que Dios me ama; especialmente en los momentos en que he tenido una experiencia de Dios. Por eso una de las razones por las que creo es que yo siento que Dios existe y que me ama con locura.

    Si cualquier persona me pregunta: ¿por qué crees? Le digo que por tres razones: racionalmente porque todo cuadra, sentimentalmente porque he sentido a Dios de una manera especial y experimentalmente porque no conozco otra forma de vivir que me dé más paz.

    Agradezco al Movimiento Apostólico de Schönstatt que me ha proporcionado la formación para vivir mi vida en plenitud especialmente en la Misión de toda persona: AMAR. Y la consecuencia de AMAR en mayúsculas es la felicidad y la paz que siento al vivir este estilo de vida. Porque vivir la Fe es un estilo de vida. Gracias al luchar por unos grandes ideales, tengo una vida plena y vivo un noviazgo en castidad que me realiza como persona y me hace feliz.

    Vivir la Fe me ha convertido en un interrogante irresistible. Las personas que me rodean se preguntan: ¿Y qué tiene esta chica que la veo siempre tan alegre? ¿Qué tiene que yo no tengo? Algunos se quedan con la duda, otros te preguntan y tú sencillamente respondes lo que el Espíritu Santo te ilumine en el momento. Y para mí es muy especial cuando en la oración me doy cuenta que he sido instrumento de Dios para los demás.

    El secreto para vivir la Fe es tener un grupo de amigos en la Fe con el que os reunáis
    periódicamente. Pero sobretodo: perseverar en la oración (aunque nos olvidemos algún día) e ir viendo las señales en tu vida diaria para descifrar la voluntad de Dios y llevarla a cabo. Ama y haz lo que quieras. Créeme la consecuencia será tu felicidad, que en su medida la contagiarás allá donde vayas.

    Que Dios os bendiga,

    Natalia Rina García