Día 6 de la novena de la Inmaculada: Tiempos de postureo

El postureo

Acabamos de oír las palabras de Jesús en el Evangelio: –No todo el que me dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos. Porque en la oración es interesante hablar a Dios, pero sobre todo escuchar 👂. A la oración hemos de ir sobre todo a escuchar. Porque el Señor ya sabe lo que le vamos a decir, pero nosotros no.

Y lo más importante de todo es poner en práctica lo que el Señor nos diga. No solo hablarle y escucharle, sino cumplir su voluntad. Porque hay quienes oyen con gusto las palabras del Señor pero su vida va por otro lado. Una cosa es lo que hacen y otra lo que dicen. Por eso Jesús a estas personas les llamaba hipócritas.

La hipocresía es un enfermedad de la vida espiritual que consiste en el postureo. Ya que no se puede alcanzar la virtud, por lo menos se aparenta. Por vanidad se ocultan los fallos, se maquillan. Al hipócrita le gustaría ser lo que aparenta, pero no hace nada para salir de esa enfermedad.

Es como si alguien le dijera: –Posturea para que el mundo te crea, que tu vida con engaño no es tan fea.

Jesús hablaba muy duramente de las personas religiosas que llevaban esa doble vida. Como los adúlteros que rezan para blanquear su toreo. Ateos que se hacen pasar por muy religiosos.

¿¡A quién van a engañar!?: Mira, ni yo soy tan rubio ya. Ni tú, aquella morena. Así que posturea para que el mundo te crea.

Poner en práctica lo que el Señor nos pide, hacer su voluntad. Eso es construir nuestro edificio sobre roca, con un buen cimiento. Porque la superficialidad no es cristiana.

Seguramente has conocido personas que no construyen sobre buenos cimientos. Posturean para que el mundo los vean. Hacen cosas, pero al no ser profundos, se quedan en lo exterior. Se tranquilizan porque hacen prácticas religiosas. Pero su corazón está centrado en ellos.

Por la Gran Vía

Esto es lo que iba a hablando con un universitario de los últimos cursos de económicas… Mientras paseaba, la mañana del viernes pasado.

Me hablaba de todo esto y hacía un diagnóstico muy bueno de la enfermedad de la hipocresía. Y me preguntaba:– Pero ¿cómo la curamos?

Me decía que está yendo a una iglesia a rezar junto con sus amigos: –Algunos van allí para ver a las chicas, y ellas, súper arregladas, para ser vistas. Llama la atención el postureo.

Y terminaba diciendo: –¿Usted me podría decir cómo se vence esa hipocresía?

Y al ver mi silencio añadió: –Me gustaría preguntárselo al Papa.

Efectivamente le dije que la hipocresía era una enfermedad

San Josemaría ha escrito: “Jesús nos ha advertido que la peor enfermedad es la hipocresía, el orgullo que lleva a disimular los propios pecados”.

No hace falta ir a Roma para ver al Papa y preguntarle. En los diez minutos de acción de gracias, después de la Misa podemos pedirle al Señor que nos cure. Eso es lo que nos aconseja san Josemaría.

Por eso termina diciendo: “Señor, Tú, que has curado a tantas almas, haz que, al tenerte en mi pecho o al contemplarte en el Sagrario, te reconozca como Médico divino”.

Hoy es jueves

Hoy es jueves, el beber les llama, obligación social, aunque les pille en pijama…

Supongo que el rey del postureo, si estuviera aquí, filmarían esta novena para subirla a Instagram.

Antes eras un fiestero ahora un novenero. Y si no te sientes guay, es porque tu autoestima se mide en like.

Yo le diría: –Arréglate por fuera, pero también hazlo por dentro: confiésate para que puedas comulgar. Y te cures de la enfermedad.

Ella recibió a Dios cuando era una adolescente. Hazlo tú en también en estos días. Quizá puede ser este un buen propósito.

Y no te olvides de poner un “me gusta” en mi cuenta si te ha parecido bien la homilía.

He hablado.

Antonio Balsera