¿Cómo nos preparamos en Adviento para recibir al Señor?

Queridos lectores, ha empezado el Adviento, uno de los tiempos fuertes del año litúrgico en el que nos preparamos para la Navidad.

Este año, me gustaría que consideráramos cuatro temas diferentes, uno para cada semana. No olvidemos que la oración es el momento de encuentro con el Señor y, como al fin y al cabo, es Él el quien nos prepara, un buen propósito para este Adviento sería dedicarnos, aunque sea un ratito, a la oración. Un ratito en el que únicamente hagamos eso, rezar, hablar con Dios, con la Virgen… un ratito en el que nos dejemos abrazar por Jesús; un ratito de intimidad como el que tienen los esposos cuando los niños ya están en la cama y ellos pueden hablar tranquilamente de sus cosas, o no hablar simplemente están juntos. Espero que estos cuatro puntos te sirvan y si no te sirven, no pasa nada, déjate llevar por donde te lleve el Espíritu Santo.

Podríamos ponerle por título “Las Venidas del Señor”.

La primera de todas es la venida en la historia. El Jesús de la historia es el que nace en Belén, el que vive en Egipto, en Nazaret. Y es el mismo Jesús que el Jesús de la fe. Algunos separan al Jesús de la historia con el Jesús de la fe, diciendo que el Jesús de la fe es el que “crearon” los discípulos. Pero Jesús es Dios y eso lo debemos creer y debemos alabar a Dios porque, sin dejar de ser Dios, se hizo hombre, para redimirnos, para enseñarnos el camino de cielo. ¡Bendito sea Dios! ¡Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre!

Entonces en Adviento nos preparamos como se preparó María para recibir a Jesús en la historia.

La segunda, para la que también nos debemos preparar es la venida de Jesús en la Eucaristía. Jesús puede venir cada día a nuestro corazón. Corremos el peligro de convertirlo en rutina, corremos el peligro de perder la capacidad de asombrarnos ante un Dios que se hace pan para que nosotros lo podamos comer. ¡Qué gozo sintieron los pastores cuando vieron al Niño envuelto en pañales! ¡qué alegría al cantar los primeros villancicos!

¿Cómo nos preparamos nosotros para recibir al Señor? Si la Virgen, que era la llena de gracia, estuvo nueve meses preparando su corazón, para después recibir al Mesías, no solo en su seno, sino en su vida ¿qué tendríamos que hacer nosotros? Puede ocurrir que nos hayamos acostumbrado a comulgar, que nos hayamos acostumbrado a que Cristo se hizo hombre y entonces somos incapaces de hacer partícipes a los demás, cuando no interiorizamos un misterio es imposible que hablemos de él, que los transmitamos. Y esto puede tener consecuencias muy graves, porque en un principio se lo queda para sí, se lo calla y al final lo pierde porque la fe cuando se comunica aumenta y si no vamos perdiendo, sin darnos cuenta, lo entrañable del gozo que da la intimidad con Él. Jesús se hace presente en la Eucaristía, deja que lo tomemos en la comunión para darnos su amor y para que lo experimentemos, como lo experimentaron la Virgen María, San José, los pastores, los reyes, en esa venida histórica de la que hablábamos antes.

¡Vamos a por la tercera! Jesús, en Navidad, viene también en la liturgia, en el momento de la Misa del Gallo, en la Adoración del Niño, se hace presente la navidad de nuevo, porque esta es la vida litúrgica de la Iglesia. No solamente recordamos lo que ocurrió, si no que está ocurriendo de verdad. San Agustín dice, “cuando un sacerdote bautiza, es Cristo quien bautiza”. Pues cuando Jesús nace en Navidad, está naciendo de nuevo, en cada iglesia, en cada casa, en cada Belén. Por eso es bueno celebrar juntos la Misa del Gallo, la celebración litúrgica de la Navidad, hacen presente el nacimiento del Señor y vuelven los ángeles a cantar “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor!” por eso el Adviento también nos prepara para esa venida del Señor concreta en la fiesta de Navidad.

La cuarta es la que estamos esperando porque ¡Cristo volverá!, “anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven Señor, Jesús!” Cristo va a volver y debemos estar preparados, los signos de los tiempos, la acción del Espíritu Santo, el ataque feroz del demonio… nos hablan de la pronta venida del Señor, del final de los tiempos, de la persecución final, de la batalla del dragón contra la Mujer. Por ello la celebración del Adviento nos prepara para la segunda venida del Señor que volverá a juzgar a vivos y muertos, como decimos en el Credo.

Preparemos desde ya las cuatro venidas del Señor. Jesús está a la puerta y llama, si le abrimos entrará, pero si no le queremos abrir Él nos respeta y se queda a un lado esperando a que libremente le abramos y le demos paso. Igual que mendigó posada por las calles de Belén, hoy “mendiga corazones”. Con María Santísima aprendamos a decir ¡hágase!

Publicado por D. Antonio María Domenech en su blog Se llenaron de inmensa alegría