Día 5 novena de la Inmaculada: Tiempos de Eucaristía

Dios se hizo Alimento

En el Evangelio que acabamos de escuchar se nos habla de que el Señor realiza curaciones y multiplica los panes (cfr. Mt 15, 29-37). Parece como si las dos cosas estuviesen unidas: Eucaristía y milagros.

Uno de los protagonistas del Adviento, el profeta Isaías, nos anunció que el Señor nos invitaría a un banquete especial (cfr. Primera Lectura de la Misa: 25, 6-9). Sería el de su Cuerpo y de su Sangre.

El Señor sería nuestro pastor y nos conduciría hacia su casa donde viviríamos por siempre, como hemos repetido en el Salmo (cfr. Responsorial: 22, 6). Allí nos alimentaría.

Por eso hemos escuchado en el Evangelio cómo Jesús multiplica el pan (Mt 15, 29-37). Este prodigio es, precisamente, un adelanto del milagro de la Eucaristía. Mediante este sacramento Dios se hizo alimento para que el hombre fuese Dios.

Así es: “Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera Dios”.

Esto podría parecer una frase herética para los practicantes de religión judía; y a los musulmanes les sonará como una auténtica blasfemia.

Igual de impactante me resultó la anécdota de un conocido comunicador deportivo que estuvo en Argentina, cuando se celebraron allí los mundiales de fútbol. A la vuelta, estuvo hablando con el taxista que les llevaba al aeropuerto y como era lógico hablaron de la selección del país organizador.

El conductor se deshacía en elogios de un jugador, por su clase, técnica, elegancia y efectividad en el terreno de juego… indudablemente había sido el mejor. Un tanto desconcertado el periodista preguntó al conductor del taxi: –¿No le pareció bueno Maradona?

A lo que respondió el taxista: –Hombre, Maradona es Dios…

La verdad es que cuando le oí eso a Manolo Lama me pareció casi una blasfemia. Me resultó un tanto desafortunado considerar Dios a un futbolista. Aunque pensándolo mejor, también Maradona, como bautizado está llamado a lo más grande… marcando goles con el pie o con la mano.

Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera Dios”.

Esto fue escrito por san Atanasio, al que se le considera uno de los grandes santos de la Iglesia (Atanasio de Alejandría, De Incarnatione).

Otro de los hombres más inteligentes que han existido, santo Tomás de Aquino, escribió que Jesús,queriendo hacernos partícipes de su divinidad” y, haciéndose humano, hizo “dioses a los hombres” (Opusculum 57, in festo Corporis Christi).

Con la Eucaristía Dios realizó la Común-unión con el hombre, y se puede decir con san Josemaría que este Sacramento contiene en sí todos los misterios del Cristianismo” (Conversaciones, 113).

Como decía el Sto. Cura de Ars: «todas las buenas obras juntas no pueden compararse con el sacrificio de la Misa, pues son obras de hombres, mientras que la Santa Misa es obra de Dios»

(cfr. Bernat Nodet, El cura de Ars, Pensamientos, Bilbao: Ed. Desclée de Brouwer, 2000, p.107).

Decíamos que en el Evangelio de la Misa de hoy vemos como el Señor cura enfermedades (Mt 15, 29-37). Pues el mismo que hacía esos milagros lo tenemos en la Eucaristía dispuesto a ayudarnos. El problema es que pocos acuden a Él, y los que acudimos no lo hacemos con gran fe.

Durante la novena hemos hablado de que los días que nos ha tocado vivir son Tiempos de amigos, Tiempos recios, Tiempos de alegría, Tiempos de fe… Y para realizar lo que Dios nos pide en esta época necesitamos una fuerza especial.

Hace poco estuve en un congreso de teología en Roma. Y los moralistas hablaban de lo que el Papa Francisco ha dicho recientemente: el peligro del semipelagianismo. La tentación de querer ser santos pero sin contar con Dios. Querer hacer milagros utilizando. sobre todo, con nuestras fuerzas.

Dios puede hacer que un asesino sea santo en tres horas, como ocurrió con Dimas el ladrón. Nosotros en 30 años no podemos hacer nada con nuestras propias fuerzas. Una cosa sí podemos hacer nosotros solos: cansarnos, agotarnos, agobiarnos, herniarnos.

En la actualidad se habla de la crisis de vocaciones en el mundo occidental. La Iglesia al tratar sobre Europa habla de esperanza. Y ¿que es lo que nosotros venimos haciendo para que la gente descubra su llamada? Pues organizar eventos… Todas esas cosas que organizamos nosotros son buenas, el inconveniente es que son cosas nuestras.

Nosotros con esta novena queremos tener un detalle con la Virgen. Como dice la Iglesia la Santa Misa es el mejor de las devociones marianas: “María está presente… como Madre de la Iglesia, en todas nuestras celebraciones eucarísticas”. Así como la Iglesia vive de la Eucaristía y está unidísima a la Eucaristía, “lo mismo se puede decir del binomio María y Eucaristía”, (n. 57), explica Juan Pablo II.

Todos los sacerdotes hemos observado el cambio que experimentan las personas al recibir la Comunión diariamente. En la vida de Juan Pablo II hay una anécdota que cuenta la protagonista de esta historia cuando don Karol Woytila todavía no era obispo. La chica en cuestión había ido a muchos confesores. Pero ninguno le dijo lo que don Karol:

Ven mañana a la Santa Misa, ven a diario.

Y añade la interesada: –Nunca antes ningún otro sacerdote me lo había dicho, a pesar de que algunos me habían propuesto que nos volviésemos a encontrar, me había invitado a ir hacia él. Pero aquel sacerdote no había dicho ‘vuelve a verme’ sino ven a la Santa Misa.

A veces nos empeñamos en hacer milagros, cuando los milagros los hace el contacto con la Eucaristía, el mejor medio para discernir la vocación.

Antonio Balsera

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Primera Lectura

El Señor invita a su convite y enjuga las lágrimas de todos los rostros

Is 25, 6-9

Salmo Responsorial

Habitaré en la casa del Señor por años sin término.

Sal 22, 6

Evangelio

Jesús cura a muchos y multiplica los panes

Mt 15, 29-37