María Muñoz: «El sentido de la vida es saber compartir nuestro tiempo»

En nuestra búsqueda de testigos del amor, con Javi Casals, estamos descubriendo por el momento algunas verdades. Muchas de ellas están íntimamente relacionadas con el valor de la entrega, la jerarquía de prioridades y la valentía a la hora de soñar. Poco a poco, conseguimos acercarnos a Dios y a los demás, para aprender a amar. Además, me llena de orgullo el haber presenciado en esta, nuestra casa de Jóvenes Católicos, el testimonio de mi propio hermano, como «santo de al lado» (cf. Gaudete et exsultate), desde su colegio mayor, en la Universidad de Navarra. En esta ocasión, nos cruzamos con una joven muchacha que, a pesar de su corta edad, ya se ha convertido en estandarte de servicio. 

  • Acaba de cumplir la mayoría de edad, pero María ya ha dedicado 6 años a colaborar con entidades solidarias de la Iglesia.
  • María Muñoz Hidalgo empezó su voluntariado en Cáritas Jaén gracias a la sugerencia de su profesor, en clase de Religión.

María, ¿cuál es tu testimonio?

Durante seis años, he sido voluntaria en Cáritas, en la Casa Hogar de Andújar (Jaén) -que es mi pueblo-. En los últimos meses, la verdad es que estoy haciendo menos, porque me he mudado a Fuenlabrada -porque estoy comenzando aquí mis estudios-. Sin embargo, en dos semanas voy a acudir a una reunión con Cáritas, en Madrid, para volver a ser voluntaria aquí.

Así que aunque es cierto que estos últimos meses he estado más parada, también en vacaciones hago de voluntaria en la Iglesia, junto a mi tía -con quien suelo pasarlas-.

Y, ¿cómo se te ocurrió formar parte de Cáritas?

En estos seis años que he sido voluntaria en la Casa Hogar he vivido momentos muy buenos, la verdad. Nuestra labor consistía en hacer compañía a las personas mayores, y ver cómo interaccionábamos los jóvenes con las personas más veteranas.

Yo empecé porque lo propuso nuestro profesor de Religión, Andrés Borrego, y a una compañera y a mí nos llamó mucho la atención. Entonces, le pedimos información, y acabamos hablando con Pilar, la encargada de nuestro proyecto. A partir de ese momento hemos sido voluntarias, desde que yo tenía 12 años.

Muchas veces, hay un gran desconocimiento sobre lo que se hace.

¡Qué bonito! ¿Compartirías con nosotros alguna anécdota?

La verdad es que tanto tiempo me ha dado para muchas… Por ejemplo, a mí me gustaban mucho los momentos especiales del año, porque nos dedicábamos a cocinar los dulces típicos: rosquillas o perrunas, para Navidad; torrijas, para Semana Santa… La verdad es que yo me divertía mucho, porque muchas veces no salían bien las que hacíamos nosotras (risas), pero era el momento de vivirlo.

En mi primer año, recuerdo que participamos en un concurso de postales navideñas. Y la mía, que hice con un señor al que acompañaba, era una postal llena de cosas, porque él me decía lo que más le gustaba de la Navidad y yo lo iba dibujando. Era como un collage, y al final ganó. ¡Yo creo que pensaron que la hizo una niña de tres años! Recuerdo que ganamos el concurso…

Triunfando ya desde el principio, entonces…

¡Sí! Fue muy gracioso eso, además, porque es que la postal era para verla…

Bueno, otra anécdota que siempre comentábamos entre nosotros que los jóvenes de ahora no íbamos a saber bailar de mayores, por culpa de la música que escuchamos hoy. Así que, justo antes de mudarme aquí, pusimos un tocadiscos en el patio y me enseñaron a bailar paso-doble. ¡Como suena! Para que supiéramos qué bailar en el futuro.

¡Qué alegría! Estas historias tan bonitas retratan, además, un corazón comprometido y unas manos al servicio de los demás: con tus rosquillas, con tus dibujos… son historias reales. Me gustaría que nos contaras qué ha sido lo mejor que te ha pasado en la vida.

¡Qué pregunta más difícil! Yo apuntaría a mi familia, a mis amigos. Creo que el sentido de que podamos estar vivos es saber compartir nuestro tiempo con los demás, con nuestros cercanos… Y esto no se basa solo en ti, sino en el tiempo que dedicas a los demás.

¿No era tan difícil? ((risas)) Dime, ¿cómo animarías a alguien a sumarse a Cáritas, por ejemplo, o a alguna de las familias solidarias de la Iglesia?

Muchas veces, hay un gran desconocimiento sobre lo que se hace. Creo que deberíamos pasar el mensaje de lo que hacemos a más gente. Cuanta más gente, mejor. Porque, por ejemplo, cuando empecé, muchos me preguntaban si lo que yo hacía era el papel de enfermera. Allí, en la Casa Hogar. Entonces, creo que las personas que nos dedicamos a esto debemos contar nuestra experiencia, sobre todo, para darla a conocer.

Antes de despedirme, me gustaría animar a todos los que están leyendo esta entrevista a intentar participar en todo lo que puedan. Es una experiencia muy bonita y se gana mucho personalmente.