Familias ricas. ¿Ricas en qué?

El pasado viernes se produjo en el Ayuntamiento de Madrid una votación, sobre una propuesta para rebajar a las familias numerosas los precios de los polideportivos municipales y del Servicio de Estacionamiento Regulado. Ante dicha propuesta, dos grupos municipales se posicionaron en contra, esgrimiendo que no es necesario desarrollar este tipo de medidas, ya que esas familias tienen un alto poder adquisitivo.

Que concepción tan sectaria y absurda. Sin necesidad de entrar, si quiera, a discutir dicha afirmación, es bueno resaltar que según un estudio reciente de la Federación Española de Familias Numerosas, “el 45 % de las familias numerosas vive con entre 1.500 y 3.000 euros al mes y un 28 % lo hace con menos de 1.500”, por lo que sería bueno que estos grupos políticos pudiesen dejar a un lado su visión sesgada e infundada y afrontar estas medidas de una manera objetiva, desde la realidad.

España y, en general, occidente, atraviesan lo que ha sido denominado como “invierno demográfico”. Una natalidad que no para de romper mínimos históricos, que se aleja cada vez más de la tasa de reemplazo generacional, pone en peligro, no sólo nuestro sistema de pensiones -de lo que sí se habla de vez en cuando-, sino nuestra cultura y nuestra forma de vivir y ver la vida. Esto debería alarmar a la sociedad y preocupar a los políticos, que con sus miras a corto plazo y embriagados de intereses egoístas, son incapaces de poner solución a los problemas más trascendentes de nuestra sociedad.

Habrá familias numerosas con mayor o menor poder adquisitivo, pero lo que sí es cierto, es que por regla general son más ricas. Ricas en amor. En el núcleo familiar se desarrollan las mejores virtudes y se fomentan los más preciados valores de la persona. Y, por regla general, cuanto más grande es la familia, más se potencian unos y otros.

La familia numerosa es generosa, enseña a compartir, a sacrificarte por el otro y a ceder en tus gustos. En ella hay menos relaciones virtuales, menos móvil y maquinitas, menos redes sociales y más relaciones y redes humanas. Te educa en la responsabilidad, en el cuidado del pequeño y en seguir el buen ejemplo del más grande. Te enseña a pedir perdón y a ser perdonado. Aumenta la seguridad y la confianza en ti mismo y en el hecho de saberte rodeado de personas que darían la vida por ti, que te van a proteger y ayudar. Esas familias numerosas, desprendidas del egoísmo, generosas hacia dentro y hacia fuera, traen más vida al mundo. Y esa vida es alegría. Una alegría que nace de poder compartir las penas, del apoyo en las dificultades y de poder hacer partícipes a muchos de las alegrías vividas. Una familia numerosa es esto y mucho más, no se puede explicar en un artículo.

Cuando el vínculo humano más fuerte que existe, el amor de una madre y un padre por su hijo, se multiplica, da lugar, de forma inevitable, a una familia más rica. Una familia en la que, precisamente, el dinero es lo de menos.