¿Cómo vivo la Fe? Testimonio de María Gallego

    Soy María Gallego Guerra, tengo 38 años y soy de un pequeño pueblo de Sevilla. Desde el 8 de febrero de 2014 pertenezco al Ordo Virginum gracias al rito de Consagración de manos del Sr. Arzobispo de Sevilla, Monseñor Juan José Asenjo Pelegrina. Este rito tuvo lugar en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla.

    He crecido en el seno de una familia católica practicante y soy la segunda de cuatro hermanos. La Fe (la escribo con mayúscula pues para mí algo muy grande) la he vivido y me la han inculcado desde chica aunque, quizás, quien más me la ha inculcado (me he dado cuenta después de su fallecimiento) ha sido mi abuela María. Para ella no había cosa más grande que el Señor; poco a poco y sin yo saberlo, ella fue la artífice de mi enamoramiento hacia Él.

    Hoy en día es muy difícil vivir la Fe y hacerla madurar diariamente debido a la sociedad en la que nos movemos pero si algo me impulsa a seguir adelante, además de mi familia, mi oración de cada mañana, la Misa diaria y mis amigos, es mi trabajo y mis catequesis.

    Soy maestra en un colegio diocesano perteneciente a la Fundación Victoria Díez de Sevilla y, la verdad, trabajar en un sitio con tus mismos ideales católicos… ¡ayuda mucho!

    Me gusta mucho empezar el día con mis alumnos rezando bien el Padrenuestro, bien el Avemaría o bien una oración determinada dependiendo de la ocasión (Domund, la Virgen Milagrosa,…). También, a las 12h, rezamos el Ángelus.

    Otro de mis campos para hacer crecer la Fe y vivirla son mis catequesis. Actualmente, tengo cuatro grupos de Confirmación y, a la hora de la verdad, es una gozada.

    Es de agradecer que, hoy día, un niño se apunte a catequesis para recibir un Sacramento. Cuando le preguntas a un niño por qué se apunta a catequesis y la respuesta que te da no es la que esperas, al principio te sorprende pero después ves que, detrás de esa respuesta, se encuentra una llamada del Señor hacia ese niño aunque no se haya dado cuenta.

    De hecho, hay veces que es muy complicado dar catequesis de Confirmación porque, hoy día, es muy difícil trabajar con unos niños que, prácticamente, tienen de todo pero, quizás, a la mayoría les falta darse cuenta que el Señor cuenta con ello. No es fácil decirle a un niño que el Señor lo está llamando pues, al no verlo, no lo creen pero perseveran en la catequesis y es por algo, ¿no?

    Una prueba de esta perseverancia es que, en la Parroquia, llevamos dos años haciendo actividades para los chicos que ya se han confirmado.

    Ellos no se dan cuenta pero el Señor, cada semana, me hace el inmenso regalo de verle a Él a través de los gestos, miradas, ocurrencias de cada uno de los niños con los que trabajo a lo largo de la semana pero, también, a través de mis sobrinos (tengo cuatro, tres sobrinas y un sobrino). El Señor se hace presente en mis sobrinos cada vez que la mayor me plantea una pregunta sobre la Fe, cuando la segunda muestra su bondad y humildad diciendo de comprar algo para cualquier niño que no tiene lo que ella tiene o me dice de quedar con mis amigas (éstas me ayudan más de lo que imaginan a que mi Fe madure, siempre las tengo disponibles) o de ir a la Misa de un amigo Sacerdote, cuando el chico me da besos y abrazos y me llama por mi nombre y en la pequeña (aún no tiene el año) me muestra su sonrisa o me echa los brazos.

    Todos estos pequeños detalles que pueden parecer insignificantes, para mí son una muestra real de vivir mi Fe, de transmitirle lo que siento por el Señor dando respuestas a esos gestos o enseñando a los niños cosas sobre el Señor.

    Hoy día, no podría concebir la vida sin mis catequesis y sin mis clases, soy maestra y me encanta vivir de ello.

    María Gallego