Día 1 Novena de la Inmaculada: Tiempos de amigos

La Iglesia comienza la Misa de hoy –el primer día de la novena a la Inmaculada– con estas palabras: El Señor, junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Pedro y Andrés, y los llamó: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres (Antífona de Entrada de la Misa: cfr. Mt 4,18-19).

También podemos decir que Jesús se ha fijado en nosotros en ti y en mí, nos ha llamado y estamos con Él. Junto a la Alhambra, no a la orilla de un lago, y de nuevo nos dice: os haré pescadores de hombres… Pero no porque hayáis venido a pescar novio o novia, que todo podría ser…

Nos dice pescadores de hombres porque esta es la definición de un cristiano. No me extraña que algunos llevéis un pez en el reloj, porque los cristianos del siglo XXI como los primeros seguidores de Jesús se conocían por el pez que pintaban.

Pescadores, personas interesadas en los demás, que buscan llevar a la gente el mensaje alegre de Jesús. Por eso dice san Pablo: Que hermosos son los pies de los que anuncian el Evangelio (en la Primera Lectura).

Nosotros queremos ser buenos cristianos nos preguntamos cómo haremos para extender este mensaje, para que le llega a toda la tierra (cfr. Salmo Responsorial: 18, 2-3. 4-5).

La cosa está clara, empezar por los que están cerca de nosotros. Sabemos que Andrés después de conocer a Jesús se lo presentó a su hermano, que se llamaba Simón. Los que son las cosas, más tarde sería el primer Papa.

Hace poco he visto la dedicatoria de un libro de espiritualidad que dice más o menos así: A José Ramón y Juan Luis que, además de hermanos, son también amigos de Dios y míos. La verdad es que me gustó porque, en ocasiones, los hermanos son los mejores amigos.

En el Evangelio vemos cómo Jesús, tenía un trato de amistad con los que tenía cerca. Ya a los doce años, María y José lo perdieron porque daban por supuesto que Jesús iba con un grupo de amigos (cfr. Lc 2,44).

Después nos cuentan los Evangelios que el Señor va a las casas de sus amigos y comía con ellos. Y también nos cuentan que lo mismo que asiste a una boda (cfr. Jn 2,1) va a rezar con ellos al Templo (cfr. Jn 8,2). (Cfr. Carta del prelado, 1-XI-2019, 2).

Seguramente es lo os sucede ahora a vosotros. Que estáis ahora en la Santa Misa con algún amigo o con alguna amiga.

Precisamente fue en la última Cena, cuando el Señor instituye la Eucaristía y cuando dice a los a los apóstoles: A vosotros os he llamado amigos (Jn 15,15). Y ahora también nos lo dice a nosotros.

Y seremos amigos de Dios si hacemos lo que el quiere (cfr. Jn 15,14). Porque los amigos son los que quieren las mismas cosas. Por eso en el Evangelio se dice que cuando el Señor los llamó: Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Seguramente si estamos aquí es porque queremos ser amigos de Dios. Por eso la pregunta sería ¿Qué es lo que el Señor quiere de nosotros?

¿Seríamos capaces de dejar todas las cosas para hacer lo que Jesús nos pida? ¿Lo harías inmediatamente, ahora qué eres joven? ¿O esperarías a ser hueso y pellejo?

Algunos rezarían como san Agustín antes de convertirse: –Señor, hazme ver mi vocación, pero no ahora (cfr. Confesiones).

Voy a leerte la historia que cuenta un escrito hispanoamericano.

Recuerdo que cuando llegué  al colegio tenía ocho años y como no conocía a nadie le pregunté a mi hermana mayor cómo podía hacerme un amigo.

 Ella que era una adolescente, y por eso ya tenía experiencia, me dijo que lo más fácil sería decírselo al interesado.

Así que un día –a la hora del recreo– le dije a uno de mis compañeros: –¿Quieres ser mi amigo?

 Ante esa declaración de amistad, no recuerdo la cara de sorpresa del chico, solo recuerdo su apellido: Aznar. Pues comencé por el primero de la lista”.

Hasta aquí la cita. Y al leer esto pensaba en lo que hace Dios con nosotros: nos crea y luego quiere que cada uno de nosotros le preguntemos con sencillez: –¿Quieres ser mi amigo?

El Señor hace como la mayoría de las mujeres: eligen al chico y encima pretenden que se declare él.

Antonio Balsera

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–Antífona de Entrada

Venid conmigo y os haré pescadores de hombres

Mt 4, 18-19

–Primera Lectura

Que hermosos son los pies de los que anuncian el Evangelio

Rom 10, 9-18

–Salmo Responsorial

A toda la tierra alcanza su pregón.

18, 2-3. 4-5

–Evangelio

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron

Mt 4, 18-22