¡Cuidado! El orden de los factores altera el producto

Cada día intentamos querer más a aquellos que nos rodean, a las personas con quien convivimos o a las que vemos a menudo. Hoy, más que animaros a seguir intentándolo cada día, que es lo principal, me gustaría compartir dos claves, a raíz del testimonio del lunes pasado, para apuntar mejor el tiro.

Se trata, por un lado, de saber de dónde nace nuestra capacidad de amar. Por otro lado, de conocer cuáles son los efectos del corazón enamorado.

«El fruto de la Fe es el amor». Todos tenemos experiencia diaria del egoísmo. Hay momentos en los que nos cuesta mirar con buenos ojos a las personas, desconfiamos, criticamos… en definitiva, dejamos de amar. A Álex también le costó querer a algunas personas porque tenían «fallos humanos», y es que en realidad, ¿quién no los tiene? Y ¿a quién no le molestan? Pero después de estas experiencias se ha dado cuenta de que aquello que le empuja a amarlas tal y como son es Dios: «la fe te lleva a la virtud de la entrega para todos». Cuando veamos que estamos de mal humor, que no aguantamos a los que tenemos al lado… es buen momento para pedirle a Dios que nos aumente la Fe, la Esperanza y la Caridad. Entonces, como le pasó a Álex, seremos conscientes de que «eso es los más bonito. Mi vida y la de las personas a las que quiero».

«El fruto del amor es el servicio». Ya lo hemos dicho todo, un corazón enamorado empuja a servir a los demás, se fija en aquellos que tiene alrededor, especialmente los más necesitados. De aquí surgen las iniciativas como la hospitalidad de Lourdes, en la que participa Álex, y también el buen ambiente en la familia, en la oficina, en la universidad, grupo de amigos… El Papa, el domingo pasado, manifestaba que «los pobres tienen necesidad de Dios, de su amor hecho visible gracias a personas santas que viven junto a ellos, las que en la sencillez de su vida expresan y ponen de manifiesto la fuerza del amor cristiano» (Mensaje para la III Jornada Mundial de los pobres, 8). ¿Cómo expreso y pongo de manifiesto la fuerza del Amor en mi vida?

Para acabar, os dejo la frase entera, de Santa Teresa de Calcuta, que me ha ayudado a escribir este post, para que veáis el inicio y el final de toda esta cadena:

«El fruto del silencio es la oración; el fruto de la oración es la fe; el fruto de la fe es el amor; el fruto del amor es el servicio; y el fruto del servicio es la paz»