Rebélate

Rebélate. Rebélate, y no contra la sociedad, contra el mundo o contra la gente que no piensa como tú. Rebélate contra algo más fuerte que todo eso, rebélate contra ti mismo. Contra tus incoherencias e indecisiones, contra tus dudas y mentiras. Rebélate contra esa pereza que te impide alcanzar tus metas, contra esa inseguridad que no te deja ser tu mismo al 100%, contra todos los perjuicios que te separan de las personas que te rodean y no te dejan quererlas. Rebélate contra todas esas emociones que dominan sobre ti para que puedas ser tu el que mande sobre ellas, el que independientemente de como se sienta en un momento concreto, pueda decidir con cabeza lo que hacer. Rebélate también contra ese pasotismo que tanto te caracteriza y que hace que más cosas de las que debería te den exactamente igual y empieza a interesarte más por esas cosas, por las personas y por la vida. Cambia el chip, pero no el del mundo, el tuyo propio, porque al fin y al cabo la clave esta en ti, en tu manera de ver las cosas y de enfrentarte a ellas. Supongo que ya te habrán dicho, que lo importante no son las cosas, es tu actitud ante ellas. Así que deja de quejarte, de criticar, y de verlo todo negro, deja de exigir cambios a nadie y exígete a ti mismo, o ¿qué te crees? ¿qué no eres parte de las quejas de otra persona? Espabila y rebélete contra ti campeón, porque solo alguien que se exija y luche contra sí mismo es capaz de luchar contra la corriente que lleva el mundo.

Muchas veces queremos lanzarnos a la piscina sin haber aprendido a nadar, queremos cambiar a los demás sin habernos cambiado primero a nosotros mismos y así salen las cosas como salen… No caigas en ese error, entrénate antes de entrar en el campo, y aún cuando estes dentro no dejes de hacerlo porque lo importante es tener siempre ese espíritu de querer luchar cada día por ser mejor. Y para ello vas a tener que ser lo suficientemente rebelde como para decir “no” a tus incoherencias y mentiras, a tu pasividad e indiferencia, a tus defectos más característicos. Vas a necesitar ser un rebelde en condiciones, no de esos que gritan y se manifiestan en el primero sitio que pillan, o que solo saben discutir y pelearse con los demás, necesitas ser un rebelde de verdad, esto es, una persona que no pare de luchar contra si mismo, que no se conforme, que quiera más y que busque más. Una persona que no se quede en lo que todos dicen o hacen y que salga de todo eso para querer ser y hacer mejor a los demás.  Así que propóntelo y pregúntale a esa compañera de clase o del trabajo de la que sueles pasar qué tal está hoy, muérdete la lengua al entrar en una discusión con tu hija pequeña, con tu hermana o con tu amiga “la insoportable” antes de pegarle el grito del año, cuenta hasta 3 y levántate de la cama de un salto, y cuenta otros 3 para sentarte a estudiar después de comer. Sé que son pequeñas tonterías, pero solo con cosas pequeñas puedes hacerte grande. 

Y ya puedes imaginarte lo que no puede faltarte para conseguir todo esto:  ganas, ilusión, alegría, esfuerzo …, pero sobretodo a alguien que alimente esa rebeldía. Yo, sin dudarlo dos veces, me quedo con alguien que sobre esto sabe mucho porque él mismo ha evolucionado cielo y tierra, haciendo que muchos rebeldes le sigan y que se levanten día tras día con el único fin de ser y hacer mejor a los demás y a la sociedad; yendo contracorriente sin importar lo que se les ponga por delante. Yo quiero ser así y encontrar lo que  les hace tener esa energía, esa alegría y esa rebeldía para superarse a diario, para ser insatisfechos y querer siempre más, para no parar ni un segundo, para seguir y seguir y seguir… Quiero apoyarme en él para no perder ni el rumbo ni el ritmo, porque quien no avanza, retrocede. Y creo que es importante que todos, y especialmente los cristianos, tengamos ese espíritu de actividad constante, de ganas de revolucionarlo todo un poco, de montar jaleo y de liarla a lo grande. Y puede  que un buen comienzo sea uno mismo, y que a partir de ahí vayamos influyendo a unas y otras personas, creando ese cambio que buscamos y generando contracorrientes en la sociedad. Puede que un buen comienzo sea ser rebeldes de los que tu y yo sabemos. Y que no se nos olvide que podemos conseguir cosas muy grandes si tenemos actitud y un jefe que nos sepa exigir a la par que querer, un jefe que nos pida siempre un poco más aún estando contento con lo que ya le damos, un jefe que nos enseñe a ser rebeldes. Un jefe como él.

Marta Mata