«Pero… tú no tienes cara de ser cristiana»

Mi nombre es Leire, tengo 22 años y esta es una de las frases que más frecuentemente escucho. Parece ser que para ser cristiano hay “una” cara y una concepción de la persona creyente y practicante creada a través de la opinión pública y los medios de comunicación, tantas veces falsa, errónea y manipulada.

Cuando era pequeña me enseñaron que Dios y la Virgen tean un lugar especial emi vida y así lo he podido sentir desde entonces. El camino de fe que vengo recorriendo empieza desde mi familia, gracias a mis padres y a la formación religiosa recibida en el colegio Sagrado Corazón de Jesús de mano de las hermanas Filipenses, siguiendo, por mis propios pasos, en la squeda de una comunidad cristiana donde crecer en conocimiento y cercanía con Dios en la parroquia dSantiago Apóstol de Alcalá de Henares donde soy parte del grupo de jóvenes además de catequista y monitora.

Voy a misa todos los domingos, pero sí, también salgo de fiesta, me encanta quedar con mis amigos para charlar y tomar una cerveza y soy de las que dice una y a casa” pero luego nunca lo cumple. Me gusta bailar y en el caso de que suene Hombres G seguramente termine revolucionando el local. Cualquier persona de mi entorno puede afirmar que soy un terremoto incansable y si estás pensando yo tambiénes por que los cristianos no somos “esos bichos raroscomo muchas personas conciben.

Algunos de los rculos sociales en los que me muevo, trabajo, universidad, etc.
Quitando las amistades de la parroquia, están formados por personas que se
encuentran alejadas de Dios y en muchas ocasiones una expresión de asombro se

dibuja en sus caras cuando les digo frases del estilo:

– Me uno al plan después de la Oración.

Este fin de semana no puedo, tengo una convivencia con la parroquia.

Yo me voy ya que mañana voy a misa temprano.

Pues he leído en el evangelio que…

Voy a rezar por ti.

Y cuando se trata de alguien que no me conoce muy a fondo suele salir a la luz la frase “Pero si no tienes cara de ser cristiana” o la guinda del pastel con “Vas a misa los domingos, y ¿luego sales de fiesta?”. Entonces me echo a reír. No me río de la persona, ni mucho menos, si no de los ideales dibujados en su mente. Acto seguido suelo explicar que Jesús también se divertía con sus amigos e incluso bebía vino, pero que el secreto se encuentra en el modo de hacer las cosas.

Por mucho que baile, cante y salte soy fiel a los valores cristianos. Esto no me exime de cometer errores, pues soy humana y por tanto tengo condición de pecadora. Gracias a ello me he dado cuenta de que no encajar en la concepción de lo que muchos piensan es un cristiano tiene una gran ventaja: evangelizar incluso a las 3:00 am de un sábado noche camino al siguiente barllevar a Dios donde nadie espera encontrarle Jesús fue un revolucionario en su tiempo, nosotros los cristianos y más aún los venes debemos revolucionar sin miedo el tiempo en el que nos ha tocado vivir. La revolución de un amor mayor, con fe y a contracorriente.

Sursum Corda

Leire Santos Alonso